El fracaso empresarial en tiempos de tormenta

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Alberto almendres

Michael Jordan, el mejor jugador de basketball que ha existido y existirá, nunca estuvo un minuto en la cancha sin sentirlo: sus retiros prematuros, a decir verdad, fueron divorcios pasajeros para recobrar energía y volver. Siempre caerse, levantarse y volver. Michael dijo: “he fallado más de 9.000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 juegos. 26 veces han confiado en mi para tomar el tiro que ganaba el juego y lo he fallado. He fracasado una y otra vez en mi vida y eso es por lo que tengo éxito”. 

En el mundo empresarial es normal fracasar. De hecho nueve de cada diez empresas o emprendimientos fracasan antes de los tres años de vida por muchas causas ; desde empezar la empresa o el proyecto por una razón equivocada , no tener el capital necesario para iniciar la aventura sabiendo que al principio se tarda en cobrar, no elaborar un business plan que sirva de guía y que recoja el análisis de la competencia, previsiones de ingresos y gastos, presupuesto y estrategia de marketing, la falta de liderazgo , una expansión incontrolada ( lo que llamamosmorir de éxito) , la incapacidad de delegar hasta definir rápidamente si el modelo de negocio es rentable o no.

Los empresarios son frecuentemente malinterpretados. Mucha gente piensa que son un montón de intrépidos pioneros con grandes egos y un gran apetito por el riesgo y sin temor al fracaso. Otros piensan que todos los empresarios tienen una inclinación técnica como Bill Gates, o son visionarios creativos —o les gustaría serlo— de la misma forma que Steve Jobs.

Es común en los círculos de emprendimiento que tú no puedes tener miedo a fallar, el fracaso no es algo malo, etc., pero según algunos estudios recientes, los empresarios que fracasan en su primer proyecto empresarial suelen tener menos probabilidades de tener éxito en comenzar futuras compañías. Así que tal vez una moraleja de esto es que, si bien el fracaso no es el final, siempre es importante que los empresarios miren antes de dar el salto. 

Así en EEUU hay una cultura empresarial que apoya la filosofía del fracaso positivo. En el año 2012 la Universidad de Harvard señalaba que el 75% de las empresas que comienzan (startups)fracasan. En la actualidad este porcentaje ha crecido y se mueve alrededor del 90% de cierre empresarial e incluso la mayoría de estas empresas no duran más de 20 meses.

Lo importante es saber por qué ha fallado. No es lo mismo que la compañía se haya visto arrinconada por la competencia, sin fondos suficientes o que los emprendedores hayan hecho mal su trabajo. En el mundo de la creación de empresas, el lado práctico es fundamental y el aprendizaje sobre los errores permite enriquecer las capacidades directivas y gestoras de los emprendedores. En EEUU, por ejemplo, miran que tengas un historial de emprendimiento para ver si al menos has hecho el esfuerzo; en cambio en Europa se da por hecho que ser autónomo es malo, que emprender es muy arriesgado y que solo tienes una oportunidad.

Un fracaso empresarial no tiene por qué ser algo negativo. Se puede transformar ese fracaso en un aprendizaje y en una nueva oportunidad. Es importante aprender de los propios errores para sacarles partido y no volver a caer en la misma piedra.

Sun-Tzu, el autor de “El Arte de la Guerra”, decía que debemos escoger muy bien nuestras batallas porque no las podemos librar todas. Y hay batallas que valen la pena, hay batallas que son inútiles y hay batallas que sabemos que es mejor no meternos. No es lo mismo ilusión que temeridad, y no es lo mismo miedo que prudencia.

En las sociedades occidentales más desarrolladas, se crean continuamente empresas nuevas de toda tipología (grandes, medianas, pequeñas) que siguen un ciclo de vida y se produce un fracaso y éxito continuo ; en cambio en las sociedades latinoamericanas o asiáticas, países que se encuentran en vías de desarrollo, el fracaso empresarial se ve como algo natural debido a que los emprendimientos suelen ser personales, con una primer emprendimiento por necesidad .

En los países latinoamericanos, en general, casi el 75% de los emprendimientos (startups) cierran a los dos años de su creación. Después de la pandemia, en América Latina emprender es un instinto de supervivencia, teniendo en cuenta la situación económica y política de los países. Las microempresas y pymes generan la mitad de los puestos de trabajo, son el 90% del tejido empresarial y suponen el 30% del PIB, pero no reciben la atención necesaria de las políticas públicas de la región.

En los tiempos que vivimos, con un mundo incierto y con cambios generacionales transformadores, es difícil lanzarse a la aventura empresarial, asumiendo riesgos y sin tener posibilidad de refugio. Pero como dijo el general George S. Patton en la carta a su hijo en West Point,  “Take calculated risks. That is quite different from being rash” .

¿Todo el mundo puede ser empresario? Si decimos que no todo el mundo tiene la capacidad de ser empresario o empresaria ni la capacidad de emprender e innovar, seguramente nos identificarían según los lineamientos actuales, con personas que no quieren que los demás tengan derechos y que no impulsan la igualdad. Pero es la dura realidad