El cielo quiere destruir al PCCH, renuncia por tu seguridad

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francisco rodriguez
“Tuidang”, es el nombre del movimiento para renunciar al Partido Comunista Chino. Este movimiento inició en el 2005 y desde entonces más de 380 millones de personas han renunciado al PCCH. En 2004, con la publicación del libro “Nueve comentarios sobre el Partido Comunista Chino”, se creó una plataforma en internet para que los lectores de ese texto pudieran manifestar sus quejas y sus renuncias públicas al PCCH y sus organizaciones. Este fue el inicio del movimiento Tuidang o renunciar al partido. 
La mayoría de los chinos que se quejaron contra su partido alegan que fueron obligados al jurarle lealtad desde la infancia. Pero hay mucho más: los chinos dicen que el partido comunista promueve el ateísmo y la persecución sistemática de todas las personas  que profesan ideologías filosóficas o religiosas contrarias al sistema. Esa política represiva ha generado la persecución y el lavado de cerebro de cristianos, católicos, uigures, tibetanos y a los practicantes de “Falun gong”.
Los carteles del movimiento Tuidang se pueden encontrar en todas partes de la China Continental. La frase “el cielo quiere destruir al PCCH, renuncia por tu seguridad” circula por los parques y jardines. Esta pequeña cita ha inspirado el mayor movimiento cívico desde las protestas del 89. 
El PCCH ha llevado a China a convertirse en la segunda potencia del mundo y en una súper potencia nuclear. Aunque esta organización inició con 100 agremiados, actualmente, el partido comunista chino cuenta con más de 92 millones de afiliados. Este partido se ha convertido en una auténtica fuerza política capaz de derrotar al partido nacionalista para hacerse del poder en 1949.
Este monstruo cuyo fundamento ideológico es el marxismo-leninismo es una de las pocas fuerzas políticas de carácter comunista que sobrevive en pleno siglo XXI, que ha sido capaz de adaptarse a los cambios y a la modernidad. Sin embargo, el funcionamiento interno de esta organización es prácticamente el mismo que rigió al partido comunista de la Unión Soviética, que le sirvió de modelo. Esta circunstancia explica los métodos y el “modus operandi” del PCCH para conservar la hegemonía y el liderazgo en China.
Desde su fundación, el PCCH tiene bajo su control a todos los altos funcionarios del gobierno, líderes de empresas estatales, escuelas, hospitales y grupos sociales; incluso, cuenta con comités en las comunidades más apartadas de China. El partido pone mucha atención al control ideológico de todo el país. En la actualidad, el control también se ha adaptado a la modernidad, ya que el internet y la censura de la información también se encuentran bajo la manipulación del PCCH. La política de represión data desde los tiempos de Mao Tse Tung.
En realidad, las quejas y los motivos que llevan a los chinos a renunciar a su partido son un secreto a voces. Las distintas revoluciones culturales chinas han sido incapaces de conseguir el cambio político acorde al liderazgo político de Pekín. La modernidad nunca será sinónimo de represión ni censura.