El reto AMLO

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La legitimidad del presidente electo es inobjetable. Toca ahora adaptarnos y descubrir en su nueva forma de actuar los beneficios que ha prometido a diestra y siniestra. O resignarnos a formar parte de una oposición aniquilada, arrasada por completo en las urnas e incapaz de articular programa alguno ante la embestida morenista.

El fenómeno ha sido avasallador. Trastoca los más elementales cánones de la política y revela, una vez más, que el hartazgo de la ciudadanía ante la arrogancia de la clase gobernante y sus excesos, constituye una sólida plataforma desde la que el cambio se ha de operar. El gran pretexto… y la gran oportunidad.

Y en todo, el estilo personal de AMLO. Un hombre sin proyecto, narcisista y megalómano, que ya encabeza los destinos de México y que con toda seguridad su llegada a la primera magistratura de la nación señala el inicio de un periodo largo, muy largo, de consolidación del grupo morenista en el poder, al igual que el PRI lo hizo durante más de setenta años.

Si bien las ocurrencias son las que marcan la agenda de las horas y los minutos del presidente electo, es también sabido que su agenda de los años, lustros y décadas por venir empieza ya su realización. La reelección está a la vista. Hay que formar y alentar los grupos clientelares que para tal efecto se han de alimentar (becas a ninis, adoctrinamiento a través de universidades de su creación, golpe macizo al poder económico, etc.). El tiempo apremia.

Si bien los primeros escarceos han tenido lugar con el grupo de inversionistas y empresarios que defienden la obra de Texcoco, suena en el ambiente el hecho clave de que todo esto es tan sólo una forma de iniciar el cambio de paradigma de nos regirá a partir del 1º de diciembre del 2018: lograr el poder absoluto y someter al gran poder económico, que creció y se fortaleció al amparo del poder público durante los años neoliberales. Un poder sin contrapesos y sin piedras en el camino que estorben su andar.

En este sentido, el doctor Diego Valadés, constitucionalista y destacado jurisconsulto de la UNAM, ha señalado el peligro que AMLO enfrenta: al igual que Juárez, que tuvo la osadía heróica y la visión de separar el poder civil del poder eclesiástico en el México del siglo XIX, AMLO se enfrenta hoy a la necesidad de separar el poder político del poder económico, poder éste último que en la actualidad engulle las posibilidades de soberanía e independencia auténtica de nuestro país, haciendo que las decisiones clave se tomen
fuera de México, y sean “los mercados” quienes ostentan tal poderío, al grado de imponer
sanciones y límites al poder genuino de los ciudadanos. En eso, AMLO merece todo mi
apoyo… en eso, y nada más.
Lo que sí preocupa es la inexistencia de un proyecto explícito para México. Las trabas y las
cadenas que le han sometido durante años, parece que hoy se debilitan ante la fuerza y la
talla moral de un presidente electo que sabe lo que quiere… pero no lo dice.