MUCHA SUERTE, SEÑOR

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En noviembre de 2006, a un gran amigo que trabajaba para el PRD, le encargaron la filmación de la toma de protesta de Andrés Manuel López Obrador como presidente legítimo. Cuando me enteré, le pedí que me permitiera ir con él. Aunque nunca he formado parte de ningún partido, quería ser testigo de ese momento histórico, y con mi amigo sabía que tendría asegurado un lugar privilegiado. Ese 20 de noviembre, en una Plaza de la Constitución abarrotada, me coloqué muy cerca del templete en donde ya los miembros del gabinete esperaban la aparición de AMLO. En cuanto éste apareció, hizo algo inesperado: se echó a andar, fue directo hacia donde yo estaba y me dio la mano. Sorprendida, sólo atiné a decirle: – Mucha suerte, señor. Casi once años después, él contenderá como candidato a la presidencia de México por tercera vez y yo vivo en Barcelona. Me veo en el video de Google y recuerdo la sensación de alegría que me dejó haberlo podido saludar ese día, a la vez que me felicito por haber enviado ya a México mis tres boletas electorales con mi voto muy claro en su favor. Porque México está en un momento de emergencia y ahora
más que nunca necesitamos el cambio. Porque en 2 000 yo voté por Fox esperanzada en que él realizaría las reformas necesarias para acabar con el sistema que tenía a México en la orilla del precipicio y él no hizo más que dar continuidad a lo de siempre, al igual que Calderón. El mandato de los dos panistas fue tan deficiente que la gente volvió a votar por el PRI, que liderado por Peña Nieto se apresuró a desmantelar el país. Hoy el campo está abandonado a su suerte, no hay la industria que debería haber, ni la política fiscal que se requiere, sufrimos a lo largo del territorio nacional el cáncer del narcotráfico, no hay seguridad y entregamos el petróleo. Con eso sería suficiente como para sentarnos a llorar, pero frente a nosotros se yergue una amenaza más: quieren nuestra agua. Nos urge entonces un líder que haga lo único por lo que lo empleamos como presidente: que defienda nuestros intereses. Y confío en que López Obrador lo hará. No dejo de ver sus
defectos, la gente de dudosa procedencia de la que se ha rodeado, su incapacidad de explicar los cómos de su plan de gobierno, pero he visto en videos la casa en donde ha vivido durante varios años y no tiene nada que ver con la de los otros dos candidatos. He visto a su esposa, una escritora e investigadora que entre otras cosas ha escrito dos libros sobre Francisco I. Madero y es toda sencillez, alegría e inteligencia. He revisado el gabinete que se ha propuesto y me parece el producto de una prudente estrategia de tranquilidad tanto a los conservadores como a los sectores más progresistas. Sobre todo la mayoría son mujeres y, entre todas, hay un personaje que se ha destacado: Tatiana Clouthier. Y fantaseo con que su participación en esta campaña termine llevándola a la silla presidencial como la estadista que requeriremos dentro de seis años. Por todo eso, no puedo más que retirar lo que le dije aquel día hace once años: -Mucha suerte, señor.