Editorial julio 2018

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Un padre vale por cien maestros.
George Herbert

Este mes de junio se celebró en México y en muchas partes del mundo el Día del Padre. Vaya nuestra editorial para todos y cada uno de ellos. Hace algunos años leí un artículo
que hablaba respecto a la valiosa labor de los padres en la educación de los hijos.
Comentaba el investigador, que el trabajo del padre es entre otras tareas ubicar a los hijos en la realidad. Y continuaba afirmando que es a través de su ejemplo, de su palabra y de ese amor más objetivo que enseña al hijo lo que será la vida real. Su meta es, entre otras,
prepararlo y dotarlo mediante la observación crítica y la mano firme para transmitir recursos con los que pueda enfrentar la vida con sus frustraciones e incongruencias, alegrías, logros y todo lo que ella implica en complejidad.
Hoy más que nunca, es una época en la que los padres se han involucrado mucho más en el cuidado y formación de los hijos que en años anteriores, es así que los vemos llevando a los hijos a la escuela, cambiando pañales, jugando fútbol o disfrutando una caminata en
domingo, asistiendo a la junta de padres o ¡arqueando una ceja al ver entrar al novio de la hija!
En mis recuerdos y en un sencillo homenaje a los hombres que formaron parte de mi vida como maestros, padre y abuelos, vienen recuerdos de un abuelo de quien escuché muchas historias que mi madre y mis tíos contaban de él con orgullo, con un deseo de seguir
su ejemplo y de una risa sonora que estremecía el corazón; de mi padre y a mi padre agradezco las horas interminables de dobles jornadas para proporcionarnos los medios para vestir, comer y proveer los medios para que voláramos alto.
También, vienen a mi memoria aventuras en las que colgadas de su espalda nadamos junto a inmensas caguamas con la tranquilidad de su protección. Hoy sigue siendo un suceso que recuerdo con mucho cariño.
Queridos padres, su labor es vital, valiosa y formadora. Son en verdad los maestros que guían nuestra vida con su ejemplo, con su esfuerzo, con su valentía. Son esa mano que
sostiene nuestra mano de hijos con la seguridad de su amor.

 

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