
Solo la mitad de los estudiantes mexicanos de 15 años alcanza al menos el nivel básico de lectura. El acceso inmediato a información y herramientas de inteligencia artificial plantea nuevos retos para enseñar y evaluar el aprendizaje.
Tener una respuesta a la mano no garantiza comprenderla. En México, solo 50% de los estudiantes de 15 años alcanza al menos el nivel básico de competencia en lectura, según PISA 2025. El dato pone sobre la mesa una tarea fundamental para la educación: lograr que los alumnos puedan interpretar lo que leen, relacionar ideas y utilizar el conocimiento en situaciones reales.
Los hábitos de estudio también muestran desafíos. De acuerdo con la evaluación, 37 de cada 100 estudiantes mexicanos señalan que planean con frecuencia cómo abordar su aprendizaje, mientras que 45 de cada 100 se hacen preguntas para comprobar si entendieron el contenido. Ambas prácticas ayudan a identificar dudas y reconocer cuándo es necesario profundizar o pedir apoyo.
En este contexto, EduPraxis Global plantea la necesidad de revisar cómo se enseña y qué se considera evidencia de aprendizaje. Recordar información tiene un lugar en la formación, pero comprenderla permite explicar una idea, cuestionar sus fundamentos y aplicarla ante un problema distinto al presentado en clase.
La incorporación de la inteligencia artificial añade una nueva dimensión a esta discusión. Estas herramientas permiten obtener respuestas, elaborar textos y resolver ejercicios en pocos segundos. Su utilidad educativa depende, entre otros factores, de que los estudiantes puedan revisar los resultados, identificar errores y explicar con sus propias palabras lo que aprendieron.
“Hoy los estudiantes tienen más información a su alcance que cualquier generación anterior. El desafío está en transformar ese acceso en conocimiento”, señaló Rocío del Carmen Cuadros, fundadora y directora de EduPraxis Global, en declaraciones a NotiPress.
La especialista destacó la importancia de desarrollar capacidades para cuestionar, relacionar ideas, construir argumentos y encontrar soluciones. Son habilidades necesarias tanto para continuar los estudios como para afrontar las exigencias de la vida profesional.
Entre las propuestas se encuentran el aprendizaje basado en proyectos y retos, así como evaluaciones que permitan demostrar cómo se utiliza el conocimiento. Investigar una situación, contrastar fuentes, justificar una decisión o proponer una solución ofrece a los docentes elementos para valorar el proceso, además de la respuesta final.
Este enfoque también exige acompañamiento para los maestros y condiciones que permitan llevar nuevas prácticas al aula. La tecnología puede apoyar el aprendizaje, pero su incorporación requiere objetivos pedagógicos claros y criterios para evaluar lo que cada estudiante comprende.
“La pregunta que debemos hacernos es cuánto comprende un estudiante y qué puede hacer con ese conocimiento”, expresó Cuadros.
La discusión formará parte de EduPraxis Global, encuentro internacional programado para el 10 de octubre en la Ciudad de México. Su agenda contempla investigación educativa, inteligencia artificial y tecnologías emergentes, nuevos paradigmas del aprendizaje, transformación institucional, internacionalización y sostenibilidad.
El reto educativo alcanza a escuelas, docentes y familias: acompañar a los estudiantes para que desarrollen autonomía, formulen preguntas y construyan criterios propios. En un entorno donde las respuestas abundan, comprender cómo se llega a ellas resulta cada vez más necesario.