
Los vehículos electrificados ya representan 12.7% del mercado de unidades ligeras; especialistas advierten que el país debe fortalecer proveedores nacionales, ampliar la red de carga y facilitar el financiamiento.
Voz Esmeralda/Redacción
Ciudad de México.— La venta de vehículos electrificados mantiene un ritmo ascendente en México, pero la industria enfrenta una paradoja: mientras aumenta el interés de los consumidores, la producción nacional pierde impulso y la cadena de suministro todavía depende de componentes estratégicos provenientes de Asia.
De enero a julio de 2026 se comercializaron 112 mil 313 vehículos electrificados, equivalentes a 12.7% de las 885 mil 353 unidades ligeras vendidas en el país, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Del total, 77 mil 12 fueron híbridos convencionales; 18 mil 696, híbridos enchufables, y 16 mil 605, totalmente eléctricos.
El segmento de híbridos enchufables registró el mayor dinamismo, con un crecimiento de 222.4% respecto del mismo periodo de 2025. Especialistas atribuyen parte de este avance a que estos modelos combinan un motor de combustión con uno eléctrico y ofrecen una batería recargable de mayor capacidad que la de un híbrido convencional.
Adopción concentrada en las principales zonas urbanas
Hasta junio de 2026 circulaban en México 263 mil 928 vehículos electrificados. Casi dos de cada cinco se encontraban en la Ciudad de México y el Estado de México, mientras que las 15 entidades con mayor presencia concentraban 84% del total nacional.
Entre enero y julio, la Ciudad de México encabezó las ventas con 25 mil 922 unidades, seguida del Estado de México con 15 mil 68; Nuevo León, con 11 mil 870; Jalisco, con 9 mil 948, y Guanajuato, con 4 mil 409. Sinaloa, Querétaro, Veracruz y Coahuila también mostraron un crecimiento relevante durante el periodo.
La infraestructura de recarga también se ha ampliado. El país cuenta con cerca de 61 mil conexiones: 4 mil 655 públicas y 56 mil 279 privadas. Sin embargo, su distribución sigue siendo desigual y permanece como una de las barreras para extender la adopción fuera de los principales centros urbanos.
Ventas al alza, producción a la baja
El crecimiento del mercado interno contrasta con la caída del ensamble. Durante el primer semestre del año, tres de las principales armadoras produjeron en conjunto 47 mil 411 vehículos eléctricos, frente a 110 mil 2 unidades fabricadas en el mismo periodo de 2025.
Entre las causas señaladas se encuentran la desaceleración de la demanda en Estados Unidos, los ajustes comerciales y la dependencia de baterías, semiconductores, electrónica de potencia y sistemas de gestión térmica importados de Asia. A ello se suma la próxima revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, que podría elevar las exigencias de contenido regional, trazabilidad y reglas de origen.
Este escenario obligará a proveedores de distintos niveles a reconvertir procesos, incorporar tecnología y aumentar su capacidad productiva. Para las pequeñas y medianas empresas mexicanas, el acceso a financiamiento será determinante para integrarse a la cadena de valor y competir en los mercados internacionales.
La transición va más allá del automóvil
La electromovilidad no se limita a los automóviles particulares. El transporte público, los vehículos de carga, la logística de última milla y la micromovilidad —bicicletas, bicimotos y patines eléctricos— abren nuevas oportunidades industriales, pero también demandan infraestructura, regulación y políticas de seguridad.
El desarrollo de estos segmentos permitiría fortalecer capacidades nacionales en motores eléctricos, inversores, sistemas de gestión térmica, centros de carga y reutilización de baterías. También requerirá talento especializado, capacitación técnica, infraestructura digital y una oferta energética suficiente y sustentable.
Durante un encuentro de especialistas del sector, representantes de asociaciones vinculadas con la movilidad eléctrica y la industria automotriz coincidieron en que México debe definir con claridad sus prioridades: transporte público, carga, movilidad privada o una combinación ordenada de estos ámbitos. De esa decisión dependerán las necesidades de recarga, los incentivos y el marco regulatorio.
Los expertos subrayaron que la transición también ofrece beneficios ambientales y económicos. Un vehículo eléctrico puede reducir de manera considerable los costos de operación frente a una unidad convencional, además de contribuir a disminuir emisiones y mejorar la calidad del aire. No obstante, advirtieron que el cambio será gradual y responderá a necesidades distintas en cada región y tipo de transporte.
Proveeduría nacional, el desafío estratégico
México cuenta con una base automotriz consolidada y con acceso preferencial a mercados internacionales; sin embargo, aprovechar la transición eléctrica exigirá fortalecer la integración regional, diversificar destinos de exportación y reducir la dependencia de insumos de alto valor provenientes del exterior.
Los acuerdos comerciales con América del Norte y Europa pueden abrir oportunidades para las empresas mexicanas, siempre que el país avance en innovación, certidumbre regulatoria, infraestructura energética y financiamiento. El objetivo, señalaron los especialistas, debe ser dejar de participar únicamente en el ensamble y capturar una mayor proporción del valor generado por la transformación tecnológica de la industria. Fortalecer la proveeduría nacional, ampliar la red de carga, modernizar la regulación y facilitar el acceso a capital serán condiciones indispensables para que el crecimiento de la electromovilidad se traduzca en empleos, competitividad y mayor presencia de México en los mercados globales.