Calor extremo amenaza el descanso de millones de mexicanos

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Las altas temperaturas nocturnas agravan los problemas de sueño en un país donde casi la mitad de los adultos ya enfrenta insomnio, apnea o ronquidos

La ola de calor que afecta a distintas regiones del país no solo se siente durante el día. También está llegando a las noches, alterando el descanso de millones de personas y poniendo sobre la mesa un problema que suele subestimarse: dormir bien también depende de la temperatura.

En México, más del 45% de la población adulta presenta algún trastorno relacionado con el sueño, como insomnio, apnea o ronquidos, de acuerdo con datos de la Universidad Nacional Autónoma de México. A este panorama se suma el ambiente caluroso que el Servicio Meteorológico Nacional ha reportado en buena parte del territorio nacional, con temperaturas que en algunas entidades alcanzan niveles de calor extremo.

El pronóstico extendido del SMN para los días 28 y 29 de abril de 2026 advirtió sobre la presencia de una circulación anticiclónica, fenómeno que contribuyó a mantener la onda de calor en estados como Sinaloa, Jalisco, Michoacán, Guerrero, Morelos, Ciudad de México, Veracruz, Oaxaca y Chiapas, entre otros.

Aunque muchas veces el calor se asocia con incomodidad, sus efectos sobre el sueño son más profundos. Para dormir, el cuerpo necesita disminuir su temperatura interna. Cuando el ambiente permanece cálido durante la noche, ese proceso se dificulta y el descanso puede volverse más ligero, interrumpido o insuficiente.

Diversos estudios han documentado esta relación. Una revisión publicada en la revista Temperature señala que el descanso tiende a facilitarse cuando la temperatura ambiental baja después del atardecer. Otras investigaciones también han encontrado vínculos entre temperaturas elevadas, menor duración del sueño y peor calidad del descanso.

En el caso mexicano, la situación parte de una base preocupante. Un análisis del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias, publicado en Neumología y Cirugía de Tórax con datos de la ENSANUT MC 2016, encontró que apenas uno de cada dos adultos en México duerme entre siete y nueve horas por noche. El mismo estudio reportó que uno de cada cinco adultos presenta sueño no reparador, cansancio o fatiga.

La investigación también señala que una tercera parte de la población adulta tiene dificultades para dormir, y que uno de cada cinco adultos enfrenta este problema más de tres noches por semana. Además, la privación de sueño afecta aproximadamente a un tercio de los adultos mexicanos, con mayor frecuencia entre hombres que viven en zonas urbanas.

El fenómeno no es exclusivo de México. Un estudio publicado en One Earth, basado en más de 10 mil millones de registros obtenidos mediante pulseras de seguimiento del sueño, encontró que el aumento de la temperatura nocturna reduce las horas de descanso y eleva el riesgo de sueño insuficiente. Los efectos fueron más marcados en adultos mayores, mujeres, personas de países con menores ingresos y habitantes de zonas tradicionalmente cálidas.

El calor nocturno también puede tener consecuencias más graves para la salud. Una investigación internacional encabezada por especialistas del CSIC analizó más de 14 millones de defunciones en 178 ciudades de 44 países entre 1990 y 2018. El estudio identificó una relación específica entre noches calurosas y mortalidad, independientemente de las temperaturas registradas durante el día.

Dominic Royé, investigador de la Misión Biológica de Galicia, explicó en el reporte del CSIC que el calor nocturno impide que el cuerpo se recupere del estrés térmico acumulado durante el día, afecta la calidad del sueño y puede agravar enfermedades cardiovasculares, respiratorias y neurológicas.

Las recomendaciones para dormir suelen estar muy por debajo de las temperaturas que se registran durante una ola de calor. Sleep Foundation señala que muchos médicos sugieren mantener el dormitorio entre 15.6 y 20 grados Celsius, con una referencia cercana a los 18.3 grados. Sin embargo, esta temperatura ideal puede variar según la edad, el estado de salud, la humedad, la ventilación y las condiciones de cada vivienda.

Los grupos más vulnerables ante el calor extremo son los adultos mayores, niñas, niños y personas con enfermedades crónicas. La Organización Mundial de la Salud ha advertido que las altas temperaturas pueden agravar padecimientos cardiovasculares, respiratorios, diabetes, trastornos mentales y otros problemas de salud. El CDC también identifica a las personas mayores de 65 años como una población especialmente expuesta a enfermedades relacionadas con el calor.

Frente a este escenario, algunas medidas pueden ayudar a reducir el impacto del calor durante la noche: ventilar las habitaciones cuando la temperatura exterior descienda, evitar fuentes internas de calor antes de dormir, mantenerse hidratado durante el día y usar ropa ligera. En hogares con aire acondicionado, el ajuste debe considerar edad, salud, humedad y consumo eléctrico. En viviendas sin sistemas de enfriamiento, la prioridad es evitar la acumulación de calor y estar atentos a señales como mareo, fatiga intensa, confusión o desorientación.

En este contexto, empresas del sector descanso también han incorporado soluciones tecnológicas. Luuna, por ejemplo, desarrolló tecnología Cooling Tech en colchones, almohadas y accesorios con el objetivo de disipar el calor durante la noche. William Kasstan, cofundador y CMO de Zebrands, señaló que la tecnología aplicada al descanso puede ayudar a mantener una temperatura más estable y favorecer que el cuerpo complete sus ciclos de sueño.

La ola de calor en México coincide con un escenario ya marcado por insomnio, sueño insuficiente y descanso no reparador. La evidencia científica muestra que las noches cálidas pueden reducir las horas de sueño, fragmentar el descanso y elevar riesgos para la salud, especialmente en personas vulnerables.

Por eso, dormir bien durante una temporada de calor no debe verse solo como una cuestión de comodidad. Es también un asunto de salud pública. Las soluciones comerciales pueden ayudar, pero no sustituyen las medidas preventivas, la atención médica cuando sea necesaria y una mejor adaptación de los hogares y las ciudades frente a temperaturas cada vez más extremas.