
Mientras México celebra el Día del Niño, 3.7 millones de menores trabajan (muchos en condiciones peligrosas), casi un millón abandona las aulas cada año y el 45.8 por ciento de la infancia sigue atrapada en la pobreza. Los datos revelan una deuda histórica que ningún festejo puede disimular.
Cada 30 de abril, México engalana plazas, escuelas y hogares con piñatas, globos y canciones. El ritual es entrañable, pero detrás de la fiesta persiste una realidad que las cifras oficiales ya no pueden maquillar: ser niña o niño en este país sigue siendo, para millones, sinónimo de privación, trabajo prematuro y aulas que no siempre están en condiciones para los estudiantes.
EL TRABAJO QUE ROBA INFANCIAS
La Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI 2022) del INEGI es implacable: 3.7 millones de niñas, niños y adolescentes de entre 5 y 17 años se encuentran en situación de trabajo infantil, lo que equivale al 13.1 por ciento de toda la población en ese rango de edad. Uno de cada ocho menores trabaja. Esta cifra, ya de por sí alarmante, creció 14.1 por ciento respecto a 2019, cuando se contabilizaban 3.3 millones.
De ese universo, 2.1 millones ejercen ocupaciones no permitidas: labores que violan la Ley Federal del Trabajo por edad o por peligrosidad. El 48.6 por ciento trabaja en condiciones que la ley prohíbe expresamente (construcción, campos agrícolas, expendios de alcohol, jornadas nocturnas). Entre quienes realizan ocupaciones no permitidas, el 42.7 por ciento de los niños y el 32.8 por ciento de las niñas no asisten a la escuela.
Los estados con mayor incidencia son Guerrero, Chiapas, Nayarit, Oaxaca y Michoacán. Pero existe, además, lo que especialistas de la UNAM denominan “cifra negra”: los menores reclutados por el crimen organizado (como sicarios o en maquiladoras clandestinas), víctimas de explotación sexual o sometidos a mendicidad forzada en grandes ciudades. Para ellos no hay encuesta que alcance.
El presupuesto federal destinado a combatir el trabajo infantil en 2025 asciende a apenas 93.7 millones de pesos (una reducción real de 7.9 por ciento respecto a 2024), y en ese año previo sólo se ejerció el 58.6 por ciento de los recursos asignados. El Estado, en suma, gasta poco y gasta mal.
LAS AULAS QUE SE VACÍAN
El ciclo escolar 2024-2025 concluyó con una cifra que sacude la conciencia: 994,219 estudiantes abandonaron las aulas, según el Observatorio de la Educación (Educación con Rumbo). De ellos, 864,308 correspondieron a primaria, secundaria y bachillerato. El nivel más golpeado es el medio superior, donde la tasa nacional de abandono alcanza el 30.9 por ciento.
El rezago educativo tampoco da tregua: de acuerdo con los datos de Pobreza Multidimensional 2024 del INEGI, el 10.6 por ciento de la población de entre 3 y 17 años presentaba rezago educativo. Una de cada diez infancias lleva cargando ese peso. En los preescolares y primarias indígenas, la sangría es más severa: 13,977 y 9,659 estudiantes, respectivamente, desaparecieron de los listados en un solo ciclo.
A la deserción se suma la calidad: los resultados de la prueba PISA revelan que los estudiantes mexicanos enfrentan el peor nivel en 20 años en lecto-escritura, con 7 de cada 10 clasificados como analfabetos prácticos. Aprender a leer y escribir (el derecho más básico de la escolarización), sigue siendo un privilegio desigual.
Las brechas son también geográficas. En la Ciudad de México se gradúa el 67 por ciento de quienes inician la licenciatura; en Oaxaca, sólo 14. La brecha de 53 puntos porcentuales retrata dos Méxicos que comparten el mismo territorio pero no las mismas oportunidades.
LA POBREZA: LA HERIDA MÁS HONDA
El informe conjunto de CONEVAL y UNICEF titulado Pobreza Infantil y Adolescente en México 2022 reveló que el 45.8 por ciento de los menores de 0 a 17 años vivía en situación de pobreza. Si bien eso representa una reducción de 6.8 puntos porcentuales respecto a 2020 (el nivel más bajo desde 2008), el dato sigue siendo inaceptable: casi uno de cada dos niños es pobre, frente a apenas tres de cada diez adultos.
La pobreza castiga de forma desproporcionada al sur del país. En Chiapas, el 77.3 por ciento de la infancia vive en esa condición; en Guerrero, 68.8 por ciento; en Oaxaca, 64.9 por ciento; en Puebla, 62.8. En los estados del norte, la cifra desciende a 17-18 por ciento. La geografía de la pobreza infantil coincide, punto a punto, con la geografía de la marginación histórica.
La situación se agrava entre los pueblos originarios: el 82.3 por ciento de la niñez hablante de lengua indígena vive en condiciones de pobreza (50.2 por ciento en pobreza extrema), y el 79.1 por ciento acumula al menos tres carencias sociales. El acceso a la seguridad social los elude al 93.9 por ciento.
Entre las carencias más urgentes destaca el acceso a alimentación nutritiva: una de cada cinco infancias presenta esa carencia. Y la pobreza en la primera infancia (niñas y niños de 0 a 5 años, los más vulnerables), afecta al 48.1 por ciento del grupo.
LAS CIFRAS QUE IMPORTAN
| 3.7 M niños en trabajo infantil | 45.8% de la infancia en pobreza | 994 K estudiantes que desertaron (2024-25) | 77.3% de infantes son pobres en Chiapas | 82.3% de niñez indígena vive en pobreza |
¿QUÉ CLASE DE FIESTA ES ÉSTA?
El trabajo infantil, reconocen los investigadores, no es un fenómeno aislado sino un síntoma estructural que se alimenta de la pobreza, la exclusión de comunidades indígenas y rurales, y la debilidad de las políticas públicas. La Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM) sintetiza la fotografía con una frase que debería incomodar a cualquier festejo: dos de cada cinco niñas, niños y adolescentes viven en pobreza o con carencia en acceso a servicios de salud; una de cada cuatro ha sido discriminada en el último año; una de cada cinco padece carencia alimentaria.
La OIT fijó el año 2025 como meta para erradicar el trabajo infantil en el mundo. México firmó ese compromiso. A días de que ese plazo venza, la realidad responde con 3.7 millones de menores trabajando (muchos en condiciones que la propia ley del país prohíbe), con un presupuesto para atender el problema que se recorta en lugar de expandirse, y con escuelas que no logran retener a quienes más necesitan sus aulas.
Celebrar el Día del Niño tiene sentido cuando la celebración va acompañada de voluntad política real. Sin presupuesto, sin programas específicos, sin rendición de cuentas y sin datos completos sobre las infancias más vulnerables (las que trabajan para el crimen, las que mendigán en las esquinas, las que jamás pisaron una escuela), el 30 de abril corre el riesgo de ser, año tras año, una fiesta que le damos a los niños que ya están bien, mientras los demás siguen esperando.
FUENTES: INEGI, Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI) 2022. CONEVAL-UNICEF, Pobreza Infantil y Adolescente en México 2022 (oct. 2024). SEP, Principales Cifras del Sistema Educativo Nacional 2024-2025. REDIM, Balance Anual 2024 (ene. 2025). CIEP, Trabajo infantil y gasto público 2025. Educación con Rumbo / Observatorio de la Educación, ciclo 2024-2025. REDIM, Rezago educativo en la infancia 2016-2024 (ago. 2025).
Nota: las cifras de PISA y de la OIT corresponden a los informes más recientes disponibles al cierre de esta edición. Las referencias a “cifra negra” en trabajo infantil son atribuidas a especialistas de la UNAM citados en fuentes hemerográficas.