
Columna: Enfoque con Lily Solis
Es urgente que la igualdad entre mujeres y hombres deje de ser un concepto abstracto o un simple recurso en la retórica discursiva, para convertirse en una realidad palpable en la vida de las mujeres. Debe reflejarse en el acceso a la educación, en la protección de la salud, en el reconocimiento de la diversidad, en el ejercicio libre de la sexualidad y la reproducción, en la participación política, en la toma de decisiones, en la construcción de una vida libre de violencia, así como en el fortalecimiento del Estado laico y en la asignación de presupuestos públicos con perspectiva de género.
La dignidad humana se sustenta en tres pilares fundamentales: la igualdad, la autonomía y la libertad. Estos principios deberían ser inherentes a todas las personas en su desarrollo personal y colectivo, y no utilizarse como instrumentos o medios para otros fines.
Para garantizar que la igualdad sustantiva se convierta en una realidad, no basta con invocar la igualdad de oportunidades, concepto presente en la mayoría de las políticas públicas, incluida la educación. La igualdad de oportunidades plantea que todas las personas tengan las mismas posibilidades de acceder a recursos y servicios; sin embargo, esta visión resulta insuficiente cuando existen desigualdades estructurales profundamente arraigadas.
Por ello, es indispensable considerar también la equidad, las acciones afirmativas y la igualdad de resultados. Estas herramientas permiten reconocer que existen grupos que históricamente han sido colocados en condiciones de desventaja, y que requieren medidas específicas para garantizar el ejercicio pleno de sus derechos.
En este sentido, las políticas públicas deben orientarse no solo a garantizar el acceso, sino también a generar las condiciones reales para que ese acceso se traduzca en oportunidades efectivas y en la reducción de las brechas sociales.
Es importante diferenciar entre igualdad y equidad, términos que con frecuencia se utilizan como sinónimos y que han generado múltiples debates. En ocasiones se interpreta la igualdad como si las mujeres quisiéramos ser iguales a los hombres. Desde la perspectiva del feminismo, esta interpretación es incorrecta. Lo que las mujeres buscamos no es ser iguales a los hombres en términos biológicos o identitarios, sino garantizar y ejercer plenamente nuestros derechos.
Para avanzar hacia la igualdad y eliminar la discriminación existente, se requieren acciones afirmativas que permitan generar condiciones más justas para todas las personas. La equidad implica reconocer las diferencias y aplicar medidas diferenciadas que compensen las desventajas estructurales que enfrentan ciertos grupos.
Aunque la equidad ha sido incorporada en el discurso público, no siempre está claramente vinculada en los marcos legales con el principio de no discriminación. Por ello, debe entenderse como una herramienta temporal que permite avanzar hacia la igualdad real.
El modelo de igualdad sustantiva requiere, por parte del Estado, al menos dos tipos de estrategias fundamentales:
- Acciones que promuevan la igualdad entre mujeres y hombres, basadas en principios de equidad.
- Acciones que corrijan las desigualdades de poder históricas entre mujeres y hombres y combatan la discriminación estructural.
La igualdad sustantiva no significa que hombres y mujeres deban ser idénticos. Significa reconocer que todas las personas tienen derecho al pleno goce y ejercicio de sus derechos humanos. Lo que nos iguala no son nuestras características biológicas ni nuestras orientaciones sexuales, sino nuestra condición humana y nuestra dignidad.
Convertir la igualdad en una realidad exige voluntad política, políticas públicas efectivas y una sociedad comprometida con la justicia. Solo así la igualdad dejará de ser un discurso para convertirse en una práctica cotidiana.
Porque mientras la igualdad exista solo en el papel, seguirá siendo una promesa pendiente para millones de mujeres.
Hoy México vive un momento histórico en el que las mujeres ocupamos espacios de decisión que durante décadas nos fueron negados. Este nuevo tiempo abre la posibilidad de que la igualdad sustantiva deje de ser una aspiración y comience a consolidarse como una política pública que transforme la vida de las mujeres en todos los ámbitos.
Cuando el liderazgo político se compromete con la justicia social y con los derechos de las mujeres, la igualdad deja de ser una promesa y comienza a convertirse en realidad.
Lily Solís es Licenciada en Diseño y Mercadotecnia, Maestra en Políticas Públicas y especialista en Desarrollo Humano, Igualdad de Género e Inclusión. Es coach profesional y diseñadora de programas de formación del capital humano. Impulsora de el liderazgo, el desarrollo personal y el empoderamiento con propósito.