Renovación para el turismo iberoamericano: un modelo sostenible y justo

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Cancún, uno de los destinos turísticos mejor apreciados del país, que sólo en el primer mes de este año registró ingresos por casi dos mil millones de dólares por ese concepto, fue sede del Primer Congreso Iberoamericano de Turismo, organizado por la Federación Iberoamericana de Jóvenes Empresarios (FIJE), el Consejo de Empresarios Iberoamericanos (CEIB) y el Ayuntamiento de Benito Juárez.

En el evento nos dimos cita Asociaciones de Empresarios, especialmente jóvenes, y representantes del sector público de más de 20 países iberoamericanos, además de organizaciones globales como ONU Turismo, el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), la Unión de Ciudades Capitales Iberoamericanas (UCCI) y la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), sólo por mencionar algunas.

El Congreso fue mucho más que una serie de exposiciones, tratándose en realidad de un encuentro centrado en construir soluciones y generar alianzas público-privadas que permitan impulsar en toda Iberoamérica un modelo de turismo más sostenible, inclusivo y justo, que pueda poner en el centro a las personas, las comunidades y la naturaleza, a través de tres ejes principales: sostenibilidad y gobernanza local; resiliencia, para mitigar los impactos no deseados del turismo; y una visión más humanista, que ponga el foco en la clase trabajadora y una empleabilidad más justa e inclusiva.

Ese, considero, fue el gran logro del encuentro, el tener la capacidad de reconocer las externalidades negativas del turismo y plantear mecanismos para paliarlas; así, conceptos como turistificación y gentrificación fueron parte de una necesaria discusión donde también se abordó la comisión de delitos en el marco de las actividades turísticas, especialmente cuando estos afectan a menores de edad, los costos ambientales directos e indirectos y las transformaciones culturales que hacen mella en las comunidades y que han llevado incluso a movilizaciones sociales, como las ocurridas en Oaxaca el pasado mes de enero, o las que se están gestando en Mazatlán en este momento.

Para quienes confiamos en que detonar un polo turístico puede traer aparejado el desarrollo económico y social que permita mejorar la calidad de vida de las comunidades y combatir la pobreza, estos no son sólo temas, sino que se encumbran como verdaderas preocupaciones que sólo pueden ser atendidas de forma colaborativa entre la sociedad, el gobierno y el sector privado, de manera tal que ni los recursos, ni el espacio, ni las formas de apropiación del mismo por parte de las y los habitantes locales, se vean afectadas de manera negativa por el desarrollo del turismo, sino que, antes bien, éste pueda integrarse de manera positiva a las dinámicas sociales y económicas.

En este sentido, las mesas de trabajo, conferencias y paneles no escatimaron en abordar la importancia de los gobiernos, especialmente del poder legislativo y del orden local, el primero, por ser el encargado de establecer el marco jurídico y, con ello, las reglas del juego tanto para la ciudadanía como para los turistas y, por supuesto para los inversionistas y las propias agencias del gobierno; y los segundos, por ser los operadores prioritarios de toda la cuestión, reconociendo la importancia de dotarles de más y mejores herramientas legales, administrativas, presupuestales y políticas para poder estar a la altura de las atribuciones que les son conferidas.

Finalmente, no puedo dejar pasar un asunto que hizo de este Congreso uno único en su tipo, y es la participación decidida de tantas personas jóvenes que hoy tienen posibilidades reales de darle el giro de tuerca al sector, agradezco siempre la consideración y la confianza del Consejo Coordinador Empresarial que, a través de la Comisión de Jóvenes del Consejo del Estado de México, y de su presidente, Heberto Cano Plata, me permiten hacer parte de estas discusiones que demuestran que las juventudes no estamos esperanzadas con que el mundo cambie mágicamente, sino que tenemos la capacidad para afrontar y liderar los cambios necesarios, adoptándolo además como una seria responsabilidad generacional.