Vida, muerte y resurrección: la metáfora del uróboro

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El uróboro -ouroboro- es una representación iconográfica arcaica[1] de una serpiente -o dragón- devorándose a sí misma. Es decir, con la cola insertada en la boca sempiternamente que genera un círculo sin fin; la metáfora de la eterna pugna.

El hombre siempre en búsqueda del vacío, el sentido, lo imperfecto y lo real, emprende el sendero del deseo para satisfacer el constante sentimiento de estar fragmentado. Por naturaleza dual de las cosas, el fin atañe al renacimiento y con ello, el conocimiento. En la alquimia[2] el uróboro era representada frecuentemente en los textos para reflejar aquellos componentes que pertenecían al ciclo eterno de la destrucción y creación.

Como bien enfatiza Hegel (1980) “lo que vale más en el hombre es su capacidad de insatisfacción. Si algo divino posee es, precisamente, su divino descontento, especie de amor sin amado y como un dolor que sentimos en miembros que no tenemos”[3].  

Cuestionamos, distinguimos, asociamos y creamos al ser afectados por una discontinuidad que sensibilizó los pilares dogmáticos con los que fuimos construidos. La insatisfacción es provocada por lo ausente porque lo “clásico” nunca es lo real ni lo definitivo, puesto que lo real parte de la interpretación y la observación de un emisor afectado por un contexto histórico ajeno al de su prójimo y con sus respectivas heterotopías[4].

La búsqueda del hombre hacia su realización parte de la yuxtaposición que hay entre la finitud que le da a su pasado y la visión que divisa con respecto a su futuro. La eterna pugna es, pues, la representación metafórica de la muerte y resurrección que el hombre concibe de todas las cosas que establece como exterior y que adquiere desde su primer suspiro y se desvanece con el último. 

Al hacer este esquema, abrimos al campo un nuevo sentido de experiencia con respecto a nuestras problematizaciones y acciones -generando nuevas periferias, vacíos y juicios-.

Como bien señala la ley de Lavoisier “la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma”. Es por eso por lo que es necesario hacer patente nuestro inconsciente, renunciar para realizar, olvidar para seguir y destruir para crear nuevos significantes a las connotaciones que definen como “real” las cosas.

Bibliografía:

Wilhelm George, Hegel Friedrich (1980), Lecciones sobre la filosofía de la Historia Universal, Madrid.


[1] La mitología griega, egipcia, nórdica y demás.

[2] Doctrina de la Antigüedad y el Medioevo que a través de especulaciones estudiaba los fenómenos químicos para dar respuesta a los elementos constitutivos del universo, la inmortalidad y la conversión de los metales.

[3] Lecciones sobre la filosofía de la Historia Universal, p.15.

[4] Como Michel Foucault definió como “espacios otros” con determinadas creencias, irregularidades, afectaciones y tiempos.