1968, el parteaguas del Siglo XX

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francisco rodriguez
Así siempre vestimos. Así es nuestro canto. 
¿Por qué no nos dejan de molestar? Si así somos felices
“Mugre”, del disco Hippies.
Los Ovnis, banda mexicana 
rock ácido psicodélico
enero, 1968.

Un sinnúmero de movimientos y revueltas sacudieron al mundo en 1968. Europa simbolizó esa efervescencia, pero participó mucha gente de otros países como la ciudad de México, Tokio, Varsovia, Berlín, Praga o Roma. La guerra de Vietnam entraba en su clímax y la España franquista enfrentaba la oposición contra la dictadura. El mundo de la segunda pos guerra fue golpeado en sus entrañas.

Se trata de “revoluciones peculiares”, ya que no buscaban tomar el poder, sino cambiarlo. Sin embargo, no debemos menospreciar ni reducir estas revoluciones a un mero conflicto generacional. Hubo algo más: se dejó en evidencia la crisis del sistema gestado en la postguerra.

Antes de 1968, los procesos de agitación estaban vinculados a grupos políticos definidos. Los del 68 invadieron la conciencia de una generación nacida tras la guerra, que cuestionó duramente las prácticas económicas, moldes políticos y comportamientos tradicionales. Los protagonistas de estos procesos fueron los jóvenes, esos universitarios, que por primera vez en la historia aumentaban masivamente, porque la educación superior dejó de ser el privilegio de unas cuantas minorías.

Esas revoluciones no tuvieron identidad teórica, pues había muchas ideologías que se adjudicaban la solución del cambio que el mundo necesitaba. Hubo una apología del activismo, del cambio, pero sin propuestas ni programas concretos. He ahí el problema. 

En fin, las protestas y las ansias del cambio aparecían en muchas partes del mundo, incluyendo países tercermundistas que buscaban la transición a través de un método nuevo de movilización: “la guerrilla”. Se impuso una suerte de tácticas de propuestas “guerrilleras” en un momento en el que se idealizaba la guerrilla como un mecanismo de progreso.

En el ambiente del 68 tuvieron su peso los movimientos contraculturales, encabezados por grupos de jóvenes que protestaban contra la sociedad de consumo por medio de formulaciones y expectativas antiautoritarias, nuevas expresiones musicales y propuestas para vivir mejor.

¿Qué nos queda de 1968? Los movimientos terminaron  con sucesivas derrotas y acallamientos oficiales, pero aquel “despertar” permaneció en la memoria como la principal referencia para las iniciativas progresistas. Este año ha jugado el papel de impulso fundacional para las generaciones que hoy se mueven en torno a los sesenta-setenta años, que se han venido reconociendo en aquel movimiento juvenil: no hubo después otro estallido de rasgos novedosos y creativos comparables a aquella generación. Bueno, ni siquiera la efervescencia y las novedades culturales de la los años 70´s  pudieron acercarse al 68.

Olvidadas ya las fracciones en que se fragmentó el 68, queda la memoria de la lucha contra las formas autoritarias del poder público, la exaltación de la libertad individual y el protagonismo de la sociedad civil. Fue un año que no cambió nada y que al mismo tiempo lo cambió todo.