Aferrados a las mascarillas

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Rosa Ana Cronicas Esmeralda

El viernes 25 de junio por la tarde, llegamos a Madrid. Íbamos Miri, mi hija, Gustavo, mi esposo, y yo. Hacía muchísimo calor. Eran las siete y el termómetro marcaba más de treinta grados. Tras instalarnos en el hotel, salimos a caminar y buscar un restaurante en donde cenar. Si en Barcelona me costaba trabajo moverme con la mascarilla puesta, aquí era más penoso. Los tres sudábamos. Sin embargo, la noticia de que en algunas horas podríamos quitárnoslas en la calle, nos animaba. 

Al día siguiente, luego de desayunar, salimos a la calle rumbo al museo Thyssen Bornemisza que albergaba una exposición de Georgia O’Keeffe. Gustavo y yo salimos gustosos, sin protección. Miri no. Nos dijo que no podía quitarse la mascarilla así como así, que se sentía insegura. Cuál sería nuestra sorpresa al ver que muchísima gente seguía usándola. Nosotros habíamos dado por hecho que todo el mundo se desharía de ella encantado, sobre todo cuando algunos estudios han demostrado que solo el 0.1% de los contagios se producen al aire libre. Pues no. Hombres, mujeres, jóvenes, viejos, muchos las llevaban. 

Nos dirigimos por Gran Vía hacia Paseo Del Prado, caminamos por veredas arboladas cuya sombra nos aliviaba del calor que a las once ya arreciaba y seguíamos viendo lo mismo. Un cincuenta por ciento de los transeúntes con la mascarilla puesta. Para entonces, ya Miri se la había quitado.  Nos costaba mucho entenderlo. ¿Se había acostumbrado tanto la gente que sin ellas se sentía en peligro? ¿Tendrían personas en casa a las que temían contagiar? ¿Sería por la amenaza de la variante Delta del virus? Imposible saber. Lo único que yo sabía era que al fin era libre de andar por la calle sin nada en la cara. Como en Holanda. 

De regreso en Barcelona, lo mismo. Cantidad de gente circulando en el exterior con las mascarillas puestas. Y aquí sí debo admitir que en las calles estrechas y llenas de gente de la ciudad, en ocasiones sí dan ganas de protegerse. ¿Cómo cuidar la distancia del metro y medio en estas aceras en donde pasa uno codeándose con el transeúnte que viene en la otra dirección?

Ahora se ha anunciado que el certificado digital europeo para recuperar la movilidad perdida por la pandemia, entrará en vigor el jueves que entra. ¿Cómo puede ser eso posible si ya hay casos de la variante Delta? ¿De qué servirá vacunarse si eso no protege contra la nueva cepa? Se prevé una nueva ola del coronavirus que podría provocar otro cierre de fronteras. Además, a nuestra llegada a España, provenientes de Holanda, tuvimos que hacer una fila enorme para entregar nuestro comprobante de PCR. Ahora que habrá otros sistemas de verificación, no me puedo imaginar el descontrol que eso ocasionará. 

Solo espero que las concentraciones en las plazas, en los restaurantes, en las playas, sobre todo de gente joven, no haga que las autoridades vuelvan a recrudecer las medidas y nos vuelvan a embozalar. Hace tanto calor…