La neutralidad perpetua de Bélgica

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francisco rodriguez

Corría el año de 1812 y el Viejo Continente se liberaba del yugo de Napoleón. La terminación de esa hegemonía, como ocurre en cualquier guerra, siempre inaugura el inicio de un nuevo orden. En aquellos tiempos, el nuevo orden (cuyos principales postulados consistían en el retorno al estado político anterior a la era napoleónica y el equilibrio de poder entre los vencedores) fue establecido por las potencias Austria, Prusia y Rusia. Muchos eran los frutos que había por repartir entre estos tres países. Finlandia fue aleccionada por Rusia. Polonia, fue repartida en favor de los tres grandes aquí citados. Se creó también un estado único “sui generis” conformado por Luxemburgo, Holanda y Bélgica. Singular creación que soslayó las diferencias culturales de estas tres naciones.

Es interesante este contexto histórico porque Napoleón sembró el liberalismo a lo largo y ancho de Europa y, aunque fue derrotado, la semilla se había echado raíces y pronto surgieron las protestas de los países europeos al amparo precisamente de las ideas liberales difundidas por Napoleón.

Las oleadas revolucionarias que sacudieron Europa en 1820, 1830 y 1848 constituyen el sustento de los Estados-Nación que conocemos actualmente. La ola que nos interesa es la de 1830, pues en ese año Bélgica se separa de Holanda y Luxemburgo debido a la insurrección de sus provincias sureñas. El 4 de octubre de 1830, Bélgica declara su independencia. Un año más tarde, Austria, Prusia, Rusia, Francia y Gran Bretaña, reconocen la independencia de los belgas, pero con la singular condición de que el nuevo país adoptaría la “neutralidad perpetua”. Este singular pueblo nace a la vida como un Estado neutral. Pero, ¿qué significa esto? El pueblo belga, no puede declarar la guerra a ningún país y ningún país puede hacerle la guerra a Bélgica. Así de sencillo. En caso de una invasión, las potencias garantes de su armonìa, defenderían a ese pequeño país.  He ahí el inicio de las hostilidades en las dos guerras  del siglo XX.

La “neutralidad perpetua” es una de las principales características del país de los pitufos que le ha dado fama en el mundo. Si bien es cierto que hay otros países declarados neutrales, también lo es que la neutralidad belga ha sido la que más peso ha tenido en asuntos internacionales. La violación de esa neutralidad le valió a Bruselas convertirse en la capital de toda Europa, que actualmente alberga varias instituciones de la Unión Europea. En la actualidad, los belgas, como cualquier pueblo, trabajan por la armonía y el desarrollo de su país. En México, tengo buenos amigos belgas que veo a fin de año a propósito del festejo del advenimiento de San Nicolás. Entre risas y alegrías de nuestros hijos, charlas en francés, flamenco, neerlandés y alemán, la convivencia con mis amigos belgas, es uno de los momentos más amenos del año, sobre todo para mi hijo. Como van las cosas en el 2020, en verdad, espero ver a mis amigos este diciembre. Saludos a todos ellos.