Los sustos de la automatización

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Rosa Ana Cronicas Esmeralda

La automatización al fin nos alcanzó. De pronto pusieron estaciones de pago en el súper. Y me volví loca. Creí que no podría usarlos. Y claro, no pude. Tuvieron que ayudarme la primera, la segunda y hasta la tercera vez porque siempre me atoraba en algún artículo. Luego me familiaricé con la lógica las máquinas. No tenemos opción. Las hay para comprar los boletos de los transportes, de los cines, para llenar el tanque del coche. Ya es imposible escudarse detrás del no entiendo cómo se hace o soy de otra generación. El que no está al día se va quedando atrás y permitir que el trecho se agrande es peligroso. Además, mientras más sofisticada es una máquina, más fácil es de usar..
          Hoy vuelo a mi nuevo hogar en Holanda. Por ello, entre Gustavo y yo llevamos 3 maletas grandes, dos pequeñas, dos backpack y dos chamarras tan grandes y gruesas como nuestro miedo al frío del norte. 
        Con todo eso avanzamos hacia los mostradores de Vueling para descubrir que de un día para otro ya no había personal para hacer el trámite en el mostrador, que había cantidad de máquinas a nuestra disposición, con lo cual no había colas, y que nosotros mismos documentaríamos las maletas. ¡Qué angustia me habría dado si Gustavo no hubiera estado conmigo! Él lo hizo primero, luego yo y, como siempre, descubrí que era fácil. Terminamos encaminando nuestras maletas por el mostrador, en donde ahora solo hay, como en película de ciencia ficción, un scaner en cada banda. 
        De allí fuimos a pasar la seguridad. Siempre que lo hago, recuerdo Up in the air, en donde el personaje que encarnaba George Clooney sabía cuánto equipaje llevar, detrás de quién colocarse para pasar más rápido los controles de seguridad y al terminar, le daba un giro a su maletita para internarse, triunfador, por los pasillos del aeropuerto. 
        Éste es el comienzo de la automatización, iba pensando mientras nos dirigíamos a Enrique Tomás, la franquicia de los bocadillos de jamón ibérico que me encantan, para comer antes de subir al avión. Qué irá a suceder con los chicos que atendían en los mostradores, luego con los cajeros de los supermercados, y así hasta llegar al momento culminante de los autos automáticos que no requieran chofer.

En Barcelona los choferes de taxi dieron una fuerte lucha en contra de Uber, al igual que en todo el mundo. La diferencia fue que aquí la Generalitat falló en favor de ellos. Solo quedaron Cabify, Mytaxi y alguna otra, pero cada vez que quiero usarlos es inútil. Siempre termina pasando antes un taxi de la calle, y eso que no son muchos. Hoy esos choferes han ganado, pero la marcha de la automatización ya es irreversible. Muy pronto nos veremos inundados por coches que se conducirán solos. La inteligencia artificial ya no es el mañana, sino el hoy.

Michio Kaku, el especialista en la teoría del campo de cuerdas, sostiene: “Los robots serán cada vez más inteligentes. Hoy no tienen conciencia de sí mismos. Nuestro robot más avanzado tiene la inteligencia de una cucaracha. Y una no muy lista. Pero con el tiempo serán tan listos como un ratón, luego como un perro y para finales de siglo tanto como un mono. Los monos saben que lo son. Cuando lleguemos a ese punto, será peligroso, pero aún quedan cien años hasta que eso ocurra.”

 Me llamó tanto la atención que un científico que habla sobre la conciencia hable de cien años como si fuera tanto…

         Qué susto.