Miguel Ángel, tu vecino

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Miguel Ángel es el nombre común de un hombre –aparentemente- común. Lo ves todas las mañanas en el club y especialmente en el gimnasio o al medio día en el camión de la escuela recibiendo a sus hijos, en una vida cotidiana que percibes como “normal” y hasta propia de un ejemplar vecino. Así fueron alguna vez Javier Duarte, Tomás Yarrington y Humberto Moreira, por mencionar a malhechores con mayor brillo.

Tu vecino busca relacionarse con personas útiles a su única meta: generación inmediata de dinero trabajando el menor tiempo posible, sin esfuerzos mentales ni físicos. Sin escrúpulos puede acercarse a un vendedor de telas del mercado o la familia del político priísta David Parra, quien según notas publicadas en el 2015 por Aristegui Online y reportajes de Denisse Maerker, disponibles en los sitios web de cada una, debe investigarse por razones que el trabajo de periodismo de investigación realizado por ellas explica.

Ese vecino, amable y sonriente, reproduce comportamientos que en personajes públicos te escandalizan: trafica su presencia en grupos religiosos fundamentalistas, establece relaciones extramaritales con alumnas a las que forma o con compañeras de trabajo, altera con “diablitos” su consumo de luz y se acerca amistades que disminuyan el pago de servicios consumidos. En magnitudes mayores, recordamos a quienes reciben fajos de billetes para fines electorales o consumen mujeres producto de la trata.

Liana es su esposa, una mujer de clase media baja que encubre las conductas de su marido, tan lejanas de ética alguna o de parámetros morales mínimos. Liana piensa que el dinero “blanquea”. Karime Macías, pareja de Javier Duarte lo hizo en otro nivel y a varias ilustres consortes se les atribuyen casas blancas, matrimonios de pantalla y más.

Famosos como los exgobernadores prófugos o presos, o ignorados por muchos, como tu vecino Miguel Ángel, se distinguen por su especialidad en delitos de cuello blanco. Estos delitos son actos delincuenciales en el cuadro de sus actividades profesionales y en vista de llegar a una ganancia más importante.

La profesión no importa sino las redes que logran construir. Pueden ser licenciados en administración financiera o publicistas dueños de agencias, para la descomposición social no es necesario ser político de profesión. Más allá de su color, sea éste betabel, tricolor o azul, todos son el muestrario de un sistema cuyos negocios “lubrican” la maquinaria nacional.

La ficción de Miguel Ángel, tu vecino, Liana, Javier Duarte, Karime Macías, Tomás Yarrington y cientos más, pone de manifiesto la escoria social que está produciendo la sociedad mexicana en todos sus niveles y se materializa en un abrir y cerrar de ojos si te preguntas quién es ese vecino que aparentaba la vida perfecta.

A todas y todos quienes vivimos esta descomposición social, conscientes de que NO es inherente a la clase política, debemos cerrar las puertas a personajes como Miguel Ángel que reproducen lo más penoso de lo humano.