Trump no fue

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¿Colocó usted su banderita nacional en facebook y el resto de sus redes sociales? Entonces está convencido de que los ataques del se- ñor Trump son el más grave de los problemas que hoy enfrenta México.

Cuando Donald Trump llegó a la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica (EUA), México ya había sido diagnosticado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) como el país, de sus miembros, menos productivo del mundo. Luxemburgo es el país en el que se trabaja el menor número de horas por semana y ocupa la primera posición en productividad. México es la nación en la que se trabaja más horas por semana, con una productividad de último lugar.

Cuando Trump juró en Washington, Transparencia Internacional registró que México se colocaba como uno de los países más corruptos del mundo y que había caído más de 20 posiciones, o sea, se había hecho más corrupto desde su anterior medición.

Cuando el populista presidente estadounidense comenzó a hacer realidad el tema del muro, que tanto prometió en su campaña, la prueba PISA ya había reportado que 57 por ciento de los jóvenes mexicanos tenía conocimientos insuficientes en el área de matemáticas y el 51.9 por ciento tenía conocimientos mínimos en materia de ciencias.

Cuando Trump unió a los mexicanos y las mexicanas, el descontento social registraba señales de organización que inflamada por la gasolina consolidaba y concretaba la desaprobación de su presidente: 12 sobre 100 su calificación.

Cuando Trump desafió a los patrioteros, México ya había sido llamado a considerar a la obesidad como un problema de emergencia nacional y según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ocupamos los primeros lugares que no hemos abandonado.

Cuando el hombre del reality show y las señoritas universo derrotó a Hillary Clinton, México ya tenía un promedio de escolaridad apenas de secundaria y un promedio de 3.8 libros leídos al año, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Cuando el dueño de la torre Trump amenazó con salir del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TL- CAN), en México los más recientes ex- presidentes erogaron cifras millonarias en viajes a decenas de países, con la aprobación de las Cámaras, para estrechar los lazos comerciales de México y evitar la dependencia de los EUA.

Así, mientras usted colocaba su bandera tricolor en facebook y otras redes sociales, atrapado en un momento emocional, se produjeron en las últimas tres décadas centenares de estudios racionales sobre los peligros de la relación tan estrecha con los EUA, que hoy se están haciendo realidad.

Donald Trump es, sin duda, un problema para el mundo, un negociador para Carlos Slim, el culpable perfecto para personas tendientes a la victimización, un pretexto idóneo para justificar la ineficiencia de los políticos mexicanos, una vía de escape para evadir la realidad. ¿Qué más sabe hacer quien culpa a Trump?