La Corrupción de la Ley Anti-Corrupción

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Columna por: Alejandro Serrano
Acertadamente dijo Tácito: “Mientras más corrupto es un Estado, más leyes tiene”. México es el ejemplo perfecto. Existen mil 81 delitos distribuidos en el Código Penal y dentro de las leyes especiales. Leyes que según se acatan, pero no se cumplen.
Hoy, ante la monumental problemática de corrupción, la partidocracia responde con 7 leyes nuevas, las cuales no se cumplirán, y representarán, de nuevo,  quitar dinero a las áreas que deberían ser prioritarias para ayudar a los que menos tienen.
El problema es de fondo. Los senadores y diputados, la gran mayoría, son corruptos. ¿Cómo va a ser aprobado un sistema anticorrupción creado por corruptos? Es cínico permitirle a un criminal que dicte su propia sentencia. Es una incongruencia. Una vez más, una burla que la clase política presenta a la ciudadanía disfrazada de triunfo.
Toda la partidocracia está de acuerdo en que se tiene que entablar un combate a la corrupción, casi todos están dispuestos a predicar al respecto, pero muy pocos quieren actuar. Es un largo camino que hay que recorrer, muchas conductas que hay que transformar para tener un país con menores asimetrías de las que existen ahora, con casos de corrupción ventilados en la opinión pública, casos que generan no solo descontento sino indignación, pero que al final, se quedan en eso, sentimientos, no acciones. La impunidad es otro cáncer de la corrupción que asoma su cara con una enfermiza sonrisa, ya que el impune lo sabe bien, en México, No Pasa Nada.
Ejemplo: El impresentable Javier Duarte, gobernador por el PRI en Veracruz, personaje considerado responsable de decenas de desapariciones y asesinatos políticos, cuyo gobierno acumula 34 denuncias presentadas ante la PGR por mal versión de fondos y quien públicamente ha amenazado a los medios, no solo sigue en el poder, sino que dejará su estado con una deuda pública de 121 mil 979 millones de pesos (hasta ahorita).
Hemos llegado a tal grado de corrupción, que tenemos que extraditar a nuestros más peligrosos y conocidos criminales porque si no, se nos escapan… varias veces.  

Estoy convencido que en el imaginario colectivo se ha anidado la percepción (muy cercana a la realidad) de que toda persona que se dedica a la política es corrupta, salvo que demuestre lo contrario. Qué tristeza da ver que aunque 90% del electorado considere a un candidato como corrupto, sigan entregándole su voto por falta de opciones en cuales creer.  ¿Dónde quedaron esos líderes? ¿Dónde quedó la voz de la juventud, del cambio, del progreso?
Hay que transformar el perfil de quienes llegan a los cargos de mayor responsabilidad. Eso sólo se podrá hacer en la medida en que haya una exigencia constante por parte de la ciudadanía para ejercer su derecho a saber quién quiere gobernar, qué garantías existen de que se trata de personas íntegras, honestas y con la capacidad que el cargo demanda.

Sócrates dijo a bien, prefiero tener malas leyes con buenos ciudadanos, que malos ciudadanos con buenas leyes.