

En este mundial de fútbol de 2026, la FIFA creyó que podría controlarlo todo. No contaba con la gente; la sociedad civil.
Para comenzar, decidió que el Mundial de 2026 se jugaría en Canadá, Estados Unidos y México. Sin embargo, la afición reaccionó a la frialdad del primero y los desplantes del segundo, asistiendo en masa a los estadios y las calles del tercero.
La FIFA decidió poner precios prohibitivos para gran parte de la afición. Sin embargo esta terminó viendo los partidos en la calle, gratis.
La FIFA decidió que el español, que es el idioma de uno de los países anfitriones, no sería uno de los oficiales del torneo. Tras un video que la gente viralizó, la presión en Latinoamérica fue tal que la FIFA anunció la activación inmediata del español como cuarto idioma oficial.
Las patadas en el suelo de millones de personas que están viendo los abusos de la federación, están ocasionando que el fútbol, como modelo de negocio, comience a crujir por dentro.
El mundial de fútbol, el mayor acontecimiento global de nuestro planeta, que reúne a cuatro de diez personas mirando al mismo tiempo un partido, dejó de ser un evento deportivo para convertirse en una maquinaria audiovisual y financiera que mueve cifras equivalentes a las de todo un país. La distorsión es tan grande, que el cliente ya no es el aficionado, sino las televisoras y los patrocinadores. Los espectadores son solo la escenografía que le da valor.
La FIFA ha convertido al fútbol en un activo financiero más, comprado y vendido por el mismo capital global que mueve el petróleo, los fondos soberanos y las deudas de los estados. Como empresa, ha dividido las ganancias en varios rubros: los precios de las entradas, la venta de productos, los paquetes de hostelería a empresas y, desde luego, el patrocinio; pero la entrada principal es por derechos de transmisión de los partidos. Un partido solo tiene valor mientras ocurre. Por eso las transmisiones son en vivo, y esa simultaneidad es lo que convierte al fútbol en el activo más codiciado de toda la industria del entretenimiento. La FIFA cerró el ciclo de Katar entre 2019 y 2022 con un récord de 7,568 millones de dólares de ingresos totales y la previsión de este mundial la previsión es de 13 000 millones.
Como la gran depredadora que es, la FIFA llega a los países, paga la renta de los estadios y poco más, pero son los contribuyentes los que aportan seguridad, transporte, servicios públicos durante el evento sin apenas tocar los ingresos generados. En 2015, el entonces secretario de gobernación de México, Alfonso Navarrete Prida, firmó un documento llamado Garantías Gubernamentales. Lo firmó en nombre de Enrique Peña Nieto, comprometiéndose a que la FIFA no pagaría impuestos sin importar cuánto generara, ni IVA ni impuestos locales ni municipales. El acuerdo incluía servicios públicos sin costo: agua, servicio eléctrico, de limpieza, de seguridad, transporte, todo gratis durante los partidos. El plazo original era de 2018 a 2028. Cuando claudia Sheinbaum se enteró, redujo la exención de diez años a solo uno. Por desgracia, el principal: 2026.
Lo que a mí me llama la atención es que este tipo de empresas abusivas, en donde los que prima es la ganancia de unos cuantos por encima del beneficio colectivo corrompiendo aquello que promueven, es justo el tipo de esquema que pareciera ir a la extinción. El mundo está cambiando y hay constancia de que muchas nuevas empresas se organizan de manera más horizontal y ética. La época de las pirámides de poder, de los vejetes que con toda impunidad se reparten el mundo y estallan guerras desde sus escritorios, está por terminar. Los jóvenes, indignados ante la magnitud del abuso, revertirán eso. Y alcanzaré a verlo.
Por lo pronto, sigamos disfrutando este mundial que ha colocado a México en el escaparate mundial como el país grandioso que es. Y me uno a la duda: ¿Y si sí?