Monopolio de la razón

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Gabriel Zaldivar

El (mal llamado) neoliberalismo monopolizó, entre otras, a la razón. La racionalidad neoliberal, que exploramos meses antes en este mismo espacio a partir del pensamiento de Brown (El pueblo sin atributos. 2015), es el paradigma que opera el pensamiento de las personas nacidas después de 1980 y de muchos que nacieron antes de esa fecha pero cuya preparación intelectual es nula o se encuentra estancada.

Tal y como ocurre en todas las etapas del desarrollo del pensamiento, la validación de las  ideas en boga es tarea del Estado y de sus instituciones de control social: la familia, las instituciones educativas, los grupos religiosos, las empresas y, por supuesto, los medios masivos de información.

Nos interesa aquí rescatar el papel de los medios masivos de información en el período neoliberal en México (1982 – 2018). Es imposible comprender la razón neoliberal y su monopolización sin analizar el oligopolio de los medios: Televisa, Televisión Azteca, Grupo Imagen, Grupo Reforma, El Universal y, ¡claro!, las redes sociales.

Giró la rueda de la fortuna. Murió el monopolio de la razón.

En sus estertores finales resuenan nombres de “intelectuales” que monopolizaron recursos económicos del Estado (de nosotras y nosotros) para difundir su obra, también monopolizaron relaciones de poder para proyectar talentos útiles y cancelar otros incómodos, se hicieron de cuotas para cuates. Aguilar Camín, Jorge Castañeda, Guillermo Sheridan, Roger Bartra, Ángeles Mastretta, Amparo Cassar, y cientos de nombres que firman desplegados con la intención de colocar la narrativa de censura a las ideas.

Para los terrenos del conocimiento científico, éste también fue monopolizado por investigadores e investigadoras que captaban estímulos para turismo académico, reparto de becas, recursos para proyectos de investigación, entre otros dispendios, y cuyos nombres no aparecen en ninguna lista de científicos mexicanos relevantes a nivel mundial. 

Los de mayor visibilidad fueron los que monopolizaron la razón mediática. Rentaron su pluma al mejor postor para transmitir lo que quienes pagaron deseaban que la gente supiera y callaran lo que no convenía a estos intereses. Sus nombres se exhiben todos los días en todos los espacios plurales.

Al girar la rueda de la fortuna les fue sustraído el monopolio de la razón y solo entonces supimos que cada historia tenía un lado B.

Nos enteramos que la Auditoría Superior de la Federación (ASF) hacía su trabajo metodológicamente mal. También sabemos que Félix Salgado Macedonio tenía historias condenables en las que Patricia Olamendi, Silvano Auroles, y otro personaje cercano a Amílcar Sandoval estaban involucrados.

Así, la razón comienza a abandonar el monopolio. Felipe Calderón no es villano de caricatura sino alguien que se hace acompañar de una tal Margarita y un Genaro García Luna. Que Grupo Reforma tiene como hija consentida a una integrante de NXIVM. Que Rosario Robles o Emilio Lozoya no actuaron solos. Que la clase política panista, priísta o morenista, tiene poca lealtad a los partidos y mucha a las posiciones.

Hoy sabemos que estamos frente a dos grupos de poder peleándose el monopolio de la razón, que usan a las clases bajas y medias para defender sus posturas e intereses. La polarización de la sociedad es un fenómeno estructurado por estos dos grupos en disputa y miles de ignorantes que escriben y se manifiestan por uno u otro mientras muchos más pierden o ganan cuotas y cuates.