LAS DOS CARAS DEL NUEVO AEROPUERTO DE LA CIUDAD DE MÈXICO

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Por Francisco Rodríguez

Desde el anuncio de su posible cancelación, la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México ha sido objeto de las más diversas controversias, debates, y últimamente se ha usado este tema para auspiciar hasta un golpe de Estado desde el sector privado, pero,  ¿por qué un proyecto de primer mundo está sujeto a discusión?.

Primera cara del proyecto: desde el 2001 el entonces presidente Vicente Fox determinó utilizar terrenos federales donde se ubica el lago de Texcoco para iniciar la construcción de una nueva terminal área. Desde ese preciso momento la mayoría de las comunidades no han sido consultadas ni informadas sobre la realización de la obra que ha afectado sus formas de vida, territorios, y desarrollo comunitario; por el contrario, los pobladores han sido agredidos y hasta demandados por las empresas involucradas en el proyecto aeroportuario.

La Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental omitió los efectos de la obra fuera del polígono de la construcción del aeropuerto, pues es necesaria la desecación del lago Nabor Carrillo y la explotación de 180 minas para extraer material para la construcción del nuevo puerto aéreo.

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Estas afectaciones han sido ignoradas por el grupo encargado de la construcción, ya que por la extracción de material pétreo se han hecho más de cien socavones para obtener tezontle, arena, graba y tepetate; además hay destrucción de flora, fauna, carreteras, vías de acceso, sin olvidar los riesgos de algunas familias cuyos hogares se encuentran prácticamente al borde de algún socavón.

La agricultura también ha sido afectada, ya que esa actividad representa el sustento para muchas familias de la región que también han sufrido las consecuencias negativas debido a la degradación de hortalizas donde se producen diversas plantas y alimentos como maíz, frijol, calabaza, rábano, sandia, cilantro, lechuga y otros.

En cuanto a las consecuencias sociales, este proyecto ha dividido a las comunidades dado que algunos ejidatarios o dueños de vivienda han decido vender sus terrenos colindantes con las minas, o con el nuevo aeropuerto, mientras que otros han defendido sus tierras. Los pobladores que ha decidido defender sus tierras argumentan que este mega proyecto es contrario a sus derechos de autodeterminación, usos y costumbres, puesto que su vida y cosmovisión se fundamenta en el contacto directo con la tierra, incluso desde tiempos prehispánicos. De ahí que también aleguen que los daños y perjuicios contra el patrimonio nacional sean incuantificables en razón del significado histórico de los centros ceremoniales ubicados en esta zona, por ejemplo, algunos de los cerros de los que se extrae material pétreo para la construcción del nuevo aeropuerto eran ocupados por los aztecas como centro de petición de lluvia.

Segunda cara del proyecto: desde el pasado 28 de octubre se dio a conocer el resultado de una consulta ciudadana para determinar si se cancelaba o no el proyecto del nuevo aeropuerto internacional de la Ciudad de México, resultando que los escasos participantes de este ejercicio decidieron suspender el proyecto en aras de otras opciones menos costosas para los mexicanos.

Los críticos de este ejercicio señalan que no existe ningún fundamento legal que dé legitimidad ni mucho menos certeza a la consulta de hace algunos días. En efecto, este nuevo gobierno acostumbra decidir los asuntos nacionales mediante consultas sin ningún cauce institucional.

A propósito de esta nueva consulta y de la relevancia de su resultado ha revivido el “fantasma del populismo” como el estilo de hacer política de nuestro nuevo gobierno, pues los involucrados en el proyecto del nuevo aeropuerto, además de los vicios e inconsistencias de la votación, critican tenazmente la ausencia de todo respaldo legal de esa forma de hacer política. Críticas que van desde la falta de facultades legales del presidente electo hasta violaciones a las leyes mexicanas.

El punto medular de las críticas a esta manera de decidir un asunto de interés nacional radica en la falta de vinculación con las instituciones vigentes. Circunstancias todas estas que despiertan suspicacias, sobre todo, en el sector privado.

Así, pues, las dos caras del proyecto del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México que en el fondo revelan tal vez el debate sobre un modelo de país para los próximos seis años.

* Las opiniones expresadas por los “columnistas”  son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de Voz Esmeralda o del Editor.