Felicidades a todas las mamás

0
705
“La mujer es una invitación a amar y ama tanto en el plano humano como en el espiritual, de manera tal, que el mismo Dios que la ha hecho así, debe admirar a veces lo que brota del corazón de ella, madre, esposa, compañera, amiga. La mujer enseña al hombre y al mundo a amar”

 

Ciertamente ser mujer u hombre no es fácil. Es decir,  el trabajo de ser y convertirse en una  persona íntegra, feliz y plena es de tiempo completo. No se cuentan con  días de descanso, no hay pago de horas extras  y aun dormido se sigue en formación. Sin embargo, cada uno de nosotros contamos con una mentora que además nos ama. Me refiero a las madres.
 Dice una frase que “la mujer es de alguna forma el corazón de la humanidad y cuando éste enferma la humanidad enferma también”. Y no puedo sino pensar en la verdad que encierra este pensamiento. Como madre la mujer es un modelo a seguir, es ella quien transmite valores y afianza principios.
La mujer desde su hogar y en su hogar realiza una tarea por demás importante y trascendente, es el corazón de ese hogar. Es directora de una gran empresa, de una empresa humana, en el que su principal producto son los mismos hombres y mujeres que forma, quienes se integrarán fortalecidos  a sus comunidades para aportar lo mejor que recibieron en sus familias.
En mi caso, de mi madre recuerdo su energía, su pasión, su disciplina. También  su mano fuerte y al mismo tiempo la suavidad de su mirada, su ternura, su paciencia y su diligencia para dirigirme cuando percibía que era necesaria su orientación. De ella aprendí orden, prudencia, lealtad, entre otros valores. Pero, sobre todas las cosas en mi propio ser experimenté el amor a través de cada acción que realizaba. Por mínima y sin importancia que esta pareciera yo tenía la certeza que era el infinito amor hacia mí el que la movía.
Muchas  veces  cuando adolescente discutí con ella por establecer claramente la línea que nos separaba y hacerle saber que éramos dos personas independientes  y que pensábamos distinto. Después, a los años comprendí que nuestro corazón era uno.  Ella, aun en la distancia  sabía cuando la necesitaba para compartir una alegría, un triunfo, una tristeza o simplemente nuestra cotidianeidad.
Todo lo que recibí me equipó para la vida, me proporcionó herramientas para vivir y buscar mi propio camino construyendo mi propia familia. Hoy en la posición que ocupo pienso tanto en ella y agradezco su presencia en mi vida.
Esta reflexión busca agradecer el trabajo que día a día  cada madre realiza en su familia. Con la conciencia de que no deben permitir que ello cambie. ¡La presencia de la mujer es insustituible! Y además cuando esta gigantesca labor se lleva a cabo con el trabajo y apoyo incondicional del compañero el resultado no puede sino ser excepcional.

Felicidades a todas las mamás!!!