
La formación ejecutiva comienza a desplazarse de lo técnico a lo cognitivo ante la integración estratégica de la IA en las empresas
Ante la rápida incorporación de inteligencia artificial en los procesos organizacionales, la alta dirección en México está colocando el pensamiento crítico como una de las capacidades más relevantes para enfrentar esta transformación. Así lo revela un estudio reciente elaborado por una firma internacional de recursos humanos, basado en la opinión de más de 500 líderes empresariales y tomadores de decisión.
Durante la presentación de los resultados, directivos, asesores y consultores especializados señalaron que la inteligencia artificial dejó de percibirse como una herramienta experimental para convertirse en un componente estructural de la estrategia corporativa. En este nuevo escenario, el valor de la tecnología ya no se mide únicamente por su capacidad de automatizar tareas, sino por la forma en que las personas interpretan, cuestionan y utilizan la información que genera.
Desde la perspectiva de la alta dirección, el verdadero diferencial competitivo no reside en la herramienta, sino en el criterio con el que se toman decisiones a partir de ella. Los ejecutivos advierten que, sin habilidades analíticas sólidas, la adopción de inteligencia artificial puede derivar en lecturas superficiales de los datos, dependencia excesiva de los sistemas o decisiones mal orientadas.
Especialistas de la firma explicaron que, en una primera etapa, muchas organizaciones incorporaron inteligencia artificial sin una definición clara de impacto productivo. Con el tiempo, este enfoque ha evolucionado hacia esquemas más estratégicos, donde se identifican perfiles clave, se establecen objetivos concretos y se prioriza el desarrollo de capacidades humanas más allá de la simple automatización operativa.
Los hallazgos del estudio muestran que la alta dirección no concibe a la inteligencia artificial como un sustituto del talento humano, sino como un complemento que exige nuevas competencias. El principal riesgo, señalan los consultores, se concentra en aquellos perfiles que no desarrollen pensamiento analítico ni capacidad de razonamiento crítico frente al uso de estas tecnologías.
Cerca del 70% de las organizaciones consultadas indicó contar con planes formales para transformar su estructura laboral. Estas estrategias apuntan a reducir funciones repetitivas y fortalecer áreas vinculadas con análisis, atención al cliente, toma de decisiones y diseño estratégico. En este contexto, el pensamiento crítico se consolida como una competencia transversal.
La capacitación ejecutiva también comienza a reconfigurarse. De acuerdo con los especialistas, los programas de formación están migrando de un enfoque predominantemente técnico hacia el desarrollo de habilidades cognitivas. La formación en inteligencia artificial se vincula cada vez más con la capacidad de evaluar escenarios, identificar riesgos, cuestionar supuestos y comprender el entorno en el que operan los datos.
Los consultores subrayaron que las empresas operan actualmente en un entorno marcado por incertidumbre geopolítica, ajustes regulatorios constantes y una transformación digital acelerada. Frente a este panorama, el fortalecimiento de capacidades internas se vuelve una prioridad estratégica, y el pensamiento crítico aparece como uno de los pilares de la resiliencia organizacional.
El análisis también muestra que las inversiones en tecnología, incluida la inteligencia artificial, buscan optimizar procesos internos y mejorar la experiencia del cliente. Sin embargo, los directivos reconocen que los beneficios no son inmediatos y dependen, en gran medida, de la capacidad humana para interpretar y traducir los datos en decisiones acertadas.
En conclusión, los especialistas coinciden en que la adopción efectiva de inteligencia artificial depende menos de la sofisticación tecnológica y más de la preparación del capital humano. Para la alta dirección en México, el pensamiento crítico se perfila como un factor determinante para sostener competitividad, relevancia y capacidad de adaptación en un entorno de disrupción permanente.