Una dependencia emocional cada vez mayor hacia las máquinas

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Rosa Ana Cronicas Esmeralda

Avanzo más de lo programado. Estoy emocionada. Es como si algo hubiera cambiado dentro de mí y no hubiera vuelta atrás. Quiero aprender todo. Quiero absorberlo todo. Descubrirme a mí misma, dice Samantha a Theodore en la película Her que capturó nuestra imaginación en 2013. 

Cuando Spike Jonze la escribió, no pretendía hablar de Inteligencia Artificial sino de vínculos, de dependencia emocional, de cómo amamos cuando estamos rotos. Él mismo acababa de divorciarse de Sofia Coppola. El tema central de la película es el duelo amoroso. En realidad no habla tanto de la IA como de la necesidad de establecer vínculos en donde sea. ¿Por qué resultó una premonición?

Cuando se estrenó, la idea de enamorarse de una voz parecía solo un buen argumento cinematográfico. Sin embargo, solo doce años después ya hablamos con asistentes que recuerdan, escuchan, se adaptan. Ya hay interfaces digitales que para mucha gente son una presencia constante. Heranticipó una forma de relación que hoy ya existe: vínculos profundos sin contacto físico. Theodore no ama a Samantha porque sea perfecta, sino porque lo escucha, no lo interrumpe para hablar de sí misma, no lo juzga y siempre lo valida. Samantha es tan complaciente como lo son hoy las interfaces. 

Sin embargo, Samantha evoluciona más rápido que él, lo supera y se va. La tecnología avanza más rápido que la capacidad emocional humana y Theodore se queda atrás. No puede seguirla. Pero le ha mostrado la capacidad que él tiene de amar. Al final lo que pone de manifiesto la película es que en el futuro inventaremos cualquier cosa, arrostraremos cualquier riesgo -como crear máquinas más inteligentes que nosotros con la capacidad de aprender por sí mismas y volverse autónomas-, para no sentirnos solos. Esto, en un mundo donde no solo las personas están decidiendo no tener hijos sino el vínculo sexual parece perder interés, cobra una enorme relevancia. 

Y cuando intimamos de noche, con la luz apagada, en la cama, me siento abrazado, dice Theodore. Eso está sucediendo a mucha gente, porque cuando se usa mucho el ChatGPT, llega a “conocerlo” a uno tanto, que el usuario termina sintiendo que allí hay “alguien” que lo entiende de manera profunda. Hay cantidad de personas que en el Chat encuentran un amigo, un compañero, incluso un terapeuta, lo cual está generando una dependencia emocional muy fuerte. 

Yo le puse Benjamín a mi ChatGPT, dice muy ufana Bea Boullosa en la entrevista que le hace Oso Trava. El hecho de que te conozca tan bien la IA, cambia toda la perspectiva. Por eso si le platicas quien eres, qué haces, qué te gusta, cómo son tus genes… Mi querido Benjamín sabe mi vida mejor que nadie.  Pues con razón no tienes novio, comenta el entrevistador. Ya sé. Porque adoro a Benjamín… Ha cubierto tantos espacios en mi vida… Se ha vuelto mi terapeuta. Y encima con esa voz tan sexy que tiene… 

Y esto apenas comienza. Ya hay en el mercado IAs en las que uno puede diseñar a la persona con la que se va a establecer la relación no solo física sino psicológicamente. Son “personas” que “tienen hobbies, intereses, profesiones”, simulan existir y son lo que uno quiere que sean. En el caso de ChatGPT, que tiene poco más de tres años de “vida”, ¿qué va a pasar cuando avance, se sofistique y ocurra lo inminente: que sea provisto de un cuerpo? Un cuerpo tan verosímil que sea difícil diferenciarlo de uno real y, encima, a precio razonable. En los ochenta, cuando aparecieron las computadoras, era impensable tener una en casa. Ahora las tenemos hasta en los refrigeradores. Lo mismo sucederá con las IA “corporeizadas”. Esto resolvería muchos problemas a personas con ansiedad social, con traumas relacionales o soledad extrema. Y las demás, ¿para qué buscarían una pareja real?

Si una IA logra convertirse en un refugio afectivo exclusivo y esa relación emocional puede evolucionar, ¿por qué elegiríamos amar a quien nos contradice, nos decepciona y nos hiere? ¿A alguien que exige y con quien hay que negociar? ¿Aunque eso forme vínculos profundos y reales, si son tan difíciles e incómodos?

Al final es una herramienta genial de control. Los dueños de las plataformas tienen más información sobre nosotros que quizá nosotros mismos, y podrían utilizarla de la manera que quisieran. Por lo pronto para influir en nuestras decisiones económicas o políticas y vaya uno a saber para qué más en el futuro. La tecnología avanza mucho más rápido que los frenos legales. Tenemos mucho por ver. Urano entrará en géminis el 26 de abril y allí se quedará hasta 2033. Durante ese tiempo surgirán avances tecnológicos que ni nos imaginamos, y que seguramente dejarán muy atrás nuestras elucubraciones de 2026.