

Aunque se trata de un pasado relativamente reciente, la esencia de la música como la conocimos años atrás ha caído en desuso actualmente. Uno estaba acostumbrado a las melodías armoniosas, la exaltación de lo bello o del ingenio y el mensaje imbíbito en una canción.
No podemos precisar cuándo inició el cambio de contexto musical, cuyo fruto no fue su evolución, sino su involución. Hablamos de involución porque la forma y la esencia de la música moderna prescindió de los elementos aquí citados para colmar una creación con melodías monótonas, estribillos simples y fácilmente memorizables, sin mensaje, ni belleza.
Y es que la involución que ha experimentado la música es una arista del cambio que ha sufrido la sociedad en aras de la modernidad. Otros campos del conocimiento han cedido su lugar a la simplicidad con que se obtiene el conocimiento, de modo que resulta impensable que alguien se prive de saber lo que el mundo transmite a sus habitantes. De ahí el origen de las tendencias, las modas, los personajes anónimos que saltan a la fama prácticamente de la nada y los hechos que se hacen “virales”.
La involución de la música es el reflejo de la sociedad moderna. No hace falta ser experto para reflexionar, incluso superficialmente, sobre la melodía y el contenido de cualquier canción moderna. Los estribillos resumidos a un par de palabras o frases burdas y el mensaje superficial de cualquier canción, sin duda, privan al oyente de la reflexión y el buen gusto, condiciones necesarias para apreciar lo bello y criticar con sano juicio. No es casualidad que ninguna canción moderna carezca de un “solo” en la parte intermedia de su ejecución, o que la gente desconozca las armonías básicas de una pieza de música académica (clásica).
El meollo es el siguiente: si la gente se priva de la belleza de la música a cambio de lo que se escucha hoy en día, se privaría también de su capacidad de reflexión, que a su vez, obligaría al común de la gente a conformarse con lo que alguien más decida sobre los asuntos importantes o las decisiones relevantes que deben tomarse en el seno de una sociedad. Eso es lo grave. ¿Por qué? En líneas anteriores comentábamos que la modernidad se caracteriza porque los personajes de moda (incluyendo a los gobernantes) deciden por sus seguidores y de la manera cómo a estos les gusta. Esas decisiones comprenden temas de fondo que se discuten y se deciden con la facilidad y la superficialidad a la que está acostumbrada la sociedad. Lo propio ocurre en la música.
No obstante lo anterior, aún hay luces en el camino que pueden rescatarnos de los grandes vicios que envuelven la esencia de nuestra naturaleza: el análisis, la reflexión, la admiración de lo bello y el respeto por nuestros semejantes. Lo único que tenemos que hacer es seguir esas luces, pero eso es algo muy, muy complicado. Sin duda, pocos podrán lograrlo.