Kaleidoscopio: enero 2026

0
10

1.    Los OPLES en el Purgatorio Legislativo Con la Reforma Electoral avanzando, los consejeros electorales locales han pasado este inicio de año en un estado de “animación suspendida”. No son despedidos, pero tampoco tienen presupuesto; son entes metafísicos de la democracia. Es el primer caso documentado de “desempleo democrático preventivo”: ahorrarle al ciudadano la fatiga de votar por cargos locales, centralizando la decisión en la comodidad de la capital.

2.    Mexicana de Aviación: Volando con el Viento de la Fe La aerolínea del Estado anunció nuevas rutas para 2026, consolidando su modelo de “vuelos exclusivos”: tan exclusivos que, a veces, el pasajero tiene todo el avión para él solo. No es falta de demanda, es un servicio de lujo involuntario pagado por todos los contribuyentes. Una experiencia de vuelo tan personalizada que el piloto podría, incluso, pasar a saludarte por tu nombre.

3.    El “Ahorro” de las Plurinominales: La Dieta Legislativa La eliminación de los 200 diputados plurinominales se vende como el gran ahorro del siglo. Sin embargo, al ver que el monto ahorrado apenas alcanza para cubrir unos días de intereses de la deuda externa, entendemos que la medida no es financiera, sino estética. Es como quitarle el azúcar al café después de haberte comido un pastel de cinco pisos: no ayuda a la dieta, pero te hace sentir menos culpable frente al espejo de la opinión pública.

4.    Rosca de Reyes con “Sabor a Austeridad” Este 6 de enero, la tradicional rosca en el Zócalo no solo fue monumental, sino pedagógica. Se dice que el “niño” escondido en el pan ya no representa un compromiso para los tamales, sino una metáfora de las partidas presupuestales: están ahí, pero hay que tener mucha paciencia y fe para encontrarlas entre tanta masa burocrática. Al que le salió el “monito”, le toca presidir una mesa de debate sobre la austeridad.

5.     La Geometría del “No”: Cooperación sin Subordinación o el “diccionario de la RealPolitik”. 

La narrativa oficial ha acuñado un nuevo concepto para definir la relación con nuestro vecino del norte: “Cooperación sin subordinación”. Es una frase brillante, digna de un manual de yoga diplomático; nos permite mantener la espalda recta mientras esquivamos los aranceles que vuelan desde Washington. En el Palacio Nacional se explica que somos socios, no empleados, aunque en la práctica la relación se parezca cada vez más a una partida de ajedrez donde nosotros ponemos las piezas y el contrincante pone las reglas, el tablero y el reloj.

La estrategia es clara: si Trump pide cerrar la frontera, nosotros ofrecemos “coordinación de flujos”; si él amenaza con impuestos al acero, nosotros proponemos “diálogo de competitividad regional”. Es el arte de decir “sí” con la cabeza mientras los pies corren en dirección contraria. Al final, la soberanía nacional ha encontrado su mejor refugio en los adjetivos: mientras no usemos la palabra “concesión”, cualquier ajuste presupuestal o despliegue en la frontera sur puede seguir llamándose, con orgullo, “gestión soberana de la crisis”. Es la ventaja de la semántica: en política, si cambias el nombre del problema, el problema deja de ser tuyo para ser de la gramática.

6.     El Protocolo del Naufragio

El arranque de 2026 en Uruapan dejó una advertencia clara: no fue el proyecto, fue el perímetro. La caída del círculo más cercano de Carlos Manzo expuso que, en política, el mayor riesgo no siempre está en la oposición, sino en la intimidad del poder. Directores clave (protocolo, recursos y oficina particular) pasaron de administrar confianza a concentrar el desgaste.

La ironía es dura: quienes protegían la agenda, la operación y la imagen terminaron convirtiéndose en el punto más vulnerable del gobierno. No falló la causa ni el símbolo; falló la estructura que lo rodeaba.

El caso Manzo deja una lección sin adornos: los proyectos se sostienen por sus ideas, pero se hunden por sus equipos. El círculo cercano, cuando no se vigila, se vuelve el material más inflamable del gabinete.

El poder no se cae por lo que se dice en público, sino por lo que se tolera en privado. Y cuando eso ocurre, no naufraga el movimiento: naufragan las confianzas, las personas y las lealtades.