Canasta alimentaria cerró 2025 por encima de la inflación

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Cerrar el año fue más caro para millones de familias mexicanas, especialmente en las ciudades. En diciembre de 2025, el costo de la canasta alimentaria urbana aumentó más que la inflación general del país, lo que se tradujo en una presión directa sobre el gasto cotidiano de los hogares.

De acuerdo con datos dados a conocer el 12 de enero de 2026 por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el precio de la canasta alimentaria registró un incremento anual de 4.4% en zonas urbanas y de 3% en las rurales. Mientras la inflación nacional se ubicó en 3.7%, el alza en las ciudades la superó, marcando una diferencia que se siente en el bolsillo.

En términos concretos, el costo mensual estimado de la canasta alimentaria alcanzó los 2,467 pesos en zonas urbanas, frente a los 1,854 pesos en el ámbito rural. Esta brecha refleja no solo diferencias de precios, sino también hábitos de consumo que han cambiado con el tiempo, especialmente en las ciudades.

Uno de los factores que más influyó en el aumento fue el consumo de alimentos y bebidas fuera del hogar. Comer en fondas, restaurantes o adquirir comida preparada tuvo un incremento de 7.3%, convirtiéndose en el principal detonante del encarecimiento tanto en áreas urbanas como rurales. En las ciudades, este gasto explicó prácticamente la mitad del aumento total de la canasta alimentaria.

A este fenómeno se sumaron productos básicos que forman parte de la dieta diaria. El bistec de res registró un alza anual de 17.6%, mientras que la leche pasteurizada subió 9.4%. Estos incrementos, aunque individuales, tuvieron un impacto significativo al acumularse en el gasto mensual de las familias urbanas.

En el caso de las zonas rurales, el comportamiento fue similar, aunque con una menor presión general. Además de los alimentos fuera del hogar y la carne de res, la carne molida también presentó aumentos relevantes, contribuyendo al encarecimiento de la canasta, aunque sin rebasar la inflación nacional.

El INEGI también señaló que, al considerar no solo alimentos sino el conjunto de bienes y servicios que conforman la Línea de Pobreza por Ingresos, el aumento anual fue de 3.8% en zonas urbanas y de 3.5% en las rurales. Una vez más, el entorno urbano mostró un crecimiento ligeramente mayor, impulsado principalmente por el costo de los alimentos.

En las ciudades, el alza de los precios alimentarios explicó más del 58% del incremento total en esta línea, mientras que en las zonas rurales representó cerca del 47%. Otros gastos que también presionaron el presupuesto familiar fueron el transporte, los cuidados personales y, en el caso urbano, la educación y actividades culturales.

El cierre de 2025 dejó claro que, más allá de los indicadores generales de inflación, el costo de comer —y especialmente de hacerlo fuera de casa— se ha convertido en uno de los principales retos para la economía cotidiana de las familias urbanas. Una realidad que no siempre se refleja en los promedios nacionales, pero que se vive todos los días en mercados, tiendas y restaurantes.