

Pocas veces advertimos que los planes de aquellos que actúan de manera “maliciosa” prosperan a diferencia de los que esperan seguir un camino moralmente destinado.
La mayoría ha aprendido que los buenos siempre serán recompensados y que los malos pagarán por sus acciones. La vida real es diferente. Hay una regla no escrita que prácticamente nadie conoce y cuya eficacia se sustenta en el atrevimiento de superar los límites y “las reglas establecidas”. Esta dinámica puede ofrecernos una perspectiva más profunda sobre el mundo en el que vivimos.
Exploremos brevemente algunos de los postulados más importantes sobre el poder: Las reglas prácticas de Nicolás Maquiavelo.
Nicolás Maquiavelo es uno de los pensadores más hábiles y menos comprendidos de la Historia. De hecho, este pensador también es conocido como un promotor de la maldad. No es así. Maquiavelo solo observó el mundo sin idealizaciones, ni romanticismos. Nunca buscó ser el héroe, sino que apostaba por la eficacia de los seres humanos por encima de cualquier “moral”.
Según el postulado sobre el poder más importante de Maquiavelo, aquellos – la minoría – que estén dispuestos a alcanzar el poder, más allá que cualquier límite impuesto por la moral tradicional, harán lo que sea necesario para lograr ese fin, incluso, mentir, pero siempre con estrategia y frialdad.
Los que actúan de acuerdo a estos postulados tienen una ventaja enorme sobre los que ciñen su conducta a un sistema de moral tradicional que prioriza la moral y el bien por sobre todas las cosas; sobre aquellos prefieren la esperanza (ilusión) de que tarde o temprano las buenas acciones serán recompensadas.
“El mundo no es un cuento de hadas”, decía Maquiavelo. Un líder no necesita ser virtuoso, sino práctico. Un líder puede ser frío e incluso cruel, pero puede actuar con estrategia para conseguir sus fines. Ese proceder nos lleva a la premisa maquiavélica más importante del poder: “el bien justifica los medios”. Maquiavelo no promovía el mal, sino que se limitaba a señalar que aquellos que tienen menos restricciones morales avanzan más rápido y sin remordimientos.
En efecto, las personas éticas, empáticas y sensibles son paralizadas por la culpa o la vergüenza; mientras los que actúan con seguridad alcanzan su meta sin remordimientos, pues el mundo es un tablero de ajedrez en el que cada pieza es una oportunidad para lograr algún objetivo. Esa frialdad estratégica da ventaja significativa sobre los demás, ya que las personas “inmorales” no pierden tiempo previendo las consecuencias, sólo actúan. No les interesa el reproche o el halago, solo quieren ganar.
En la política, los negocios o la vida cotidiana vemos a personas que logran lo que se proponen porque hacen lo que muchos consideran impensable: manipular, engañar, valerse de otros para lograr sus fines.
¿Vale la pena esta prosperidad? Según Maquiavelo, es característica de quienes actúan de esta manera la virtud y la fortuna, así que cada cual sabrá cómo decidir su vida.