“EL DEPORTE ES LA GUERRA MENOS LOS TIROS” – George Orwell

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francisco rodriguez

Cuando un deportedeja de ser un entretenimiento para representar una nación, entonces se convierte en un escenario de guerra: hay un enemigo, un territorio que conquistar, traidores y ganadores, héroes y villanos.

La frase de Orwell resume el carácter manipulable de los seres humanos cuando se pulsa el botón correcto: el deporte como disputa entre naciones. Banderas, millones de personas que no se conocen, se hermanan sin reserva para conquistar el galardón en turno.

George Orwell interpretó correctamente los símbolos que usa el sistema para manipular las emociones de las masas en torno a un fin transitorio, pero lleno de felicidad colectiva.

Del catálogo de deportes que conoce la humanidad, sin duda, el futbol es el que más ha alcanzado la aceptación en todo el mundo. No hay chico en ningún rincón del mundo que no haya jugado con un objeto circular. La pelota no tiene ideología, ni nacionalidad. He ahí el éxito del balompié.

Ese sistema de activación emocional de las masas es el que estudió George Orwell sin referirse expresamente al futbol en su obra cumbre 1984. En el texto de Orwell,  se estudia el comportamiento de los “proles”. Una agrupación que siempre está ocupada al amparo de cerveza a la mano y prensa sensacionalista, peleas familiares, chismes de barrio y ocupaciones que dicta el Estado. Todas estas circunstancias son el medio de control de la pasividad de los “proles”.

La “prole” mantendrá ocupada su atención en el próximo chisme, por el próximo escándalo o por la próxima fecha de campeonato. Eso significa que este singular grupo es libre para entretenerse “hasta la indiferencia”. De esa manera los “proles” desconocen el mundo que están viviendo.

Sin embargo, la aportación de Orwell no es nueva. Ya en año 100 de nuestra era, el poeta Juvenal registró la frase aún vigente: “panem et circenses”, es decir, “pan y circo”. El autor de esta singular frase describe decepcionado que en sus tiempos gloriosos, Roma conquistaba tierras y expandía sus dominio a lo largo del mundo conocido, pero ahora solo se conformaba con comida repartida y juegos en el Coliseo. Cuanto más escándalo, menos preguntas sobre las polémicas de los cónsules. Las sociedades alienadas solo piden más entretenimiento.

Hay gran diferencia entre el circo romano y el circo moderno. El primero era impuesto por el Estado. El segundo no es impuesto, sino celebrado por las masas. El circo moderno llega a los hogares de la humanidad sin ninguna orden oficial. Las familias pintan sus casas de colores. Los bares se adornan por su propia cuenta. Las empresas dan descanso a sus empleados. El poder más efectivo no es el que se impone, sino aquel que se desea y se espera voluntariamente.

En concreto, la emoción colectiva, entendida como forma de poder, tiene hora de inicio y de fin; tiene objetivo, duración y ritual. Concluido éste, todo recupera su normalidad.