Al fondo a la derecha: el nuevo camino a Bruselas

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El auge de la extrema derecha en Europa es una realidad que moviliza a muchísima gente y que ahora preocupa seriamente a Bruselas. Recuérdese que el Viejo Continente ha vivido dos guerras mundiales en menos de un siglo. El fascismo, entendido como la corriente para hacer frente al comunismo, fue el motivo político e ideológico para iniciar una segunda contienda de carácter ultranacionalista y ahora, ese movimiento, en su versión “neo”, está de vuelta desde España a Hungría pasando por Italia, Alemania, Francia y Finlandia.
Si bien es cierto que la Unión Europea (UE) nació con el anhelo de acabar con los conflictos del pasado, también lo es que los problemas que enfrenta hoy Europa dan cuenta de la debilidad de la estructura sobre la que se asienta. Entre 1945 y 1959, el Continente vivía la bonanza de las cooperaciones económicas, pero es un tema que se conoce mal, ya que siempre se hizo hincapié en los logros en materia de cooperación económica entre los Estados al margen de los fracasos de carácter político y que iban más allá de una vinculación económica. La construcción europea estaría determinada hasta la década de los 80 por un “jaloneo” originado por el desencuentro entre sus líderes políticos, pues como olvidar que Francia buscaba el papel central en Europa. Alemania, impulsada por su recuperación económica, rediseñaba su propia política exterior (Ostpolitik). Por su parte, Gran Bretaña “siempre buscó limitar el poder de las instituciones europeas”, reduciéndolo a una simple cooperación intergubernamental. Pero hay algo más: los euroescépticos reprochan a la UE que haya rescatado a los países pobres del Oriente Europeo, y que la Unión es un obstáculo para resolver sus problemas internos, pues les resta soberanía.
El euroescepticismo engloba los reclamos sobre la nula democracia de la Unión cuyas decisiones se centran en sus órganos ejecutivos mientras que el Parlamento, el único órgano elegido por voto directo, sigue siendo muy débil desde un punto de vista político. Los euroescépticos quieren menos Europa, o sea, que deben reducirse las competencias de las instituciones europeas.
Esta situación ha propiciado el escenario para que los partidos de ultraderecha reciban el euroescepticismo de los ciudadanos descontentos iniciando propuestas populistas y anti-Bruselas: rechazo a la inmigración, a la zona euro y al euro. Todo anti-Unión.
Desde el 2014, los partidos de ultraderecha han conquistado varios escaños en el Parlamento Europeo, y esa tendencia se repite en la elecciones de mayo del 2019, así que Bruselas debe aceptar que los líderes de ultraderecha “ya están cambiando el escenario político” como ocurrió con el nacimiento del fascismo en el siglo pasado.
Esta situación me recuerda “el entero retorno de lo mismo” del filósofo alemán Federico Nietzsche: “¿Qué pasaría si esta noche se acercase un demonio a tu cama y te susurrase al oído: la vida que has vivido, tal cual la has vivido, se repetirá una y mil veces? ¿Te sentirías angustiado, o llorarías de alegría?”.